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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Millares de horas confesando niños
Más de una vez lo recordaría en los últimos años de su vida el Fundador del Opus Dei. El 14 de febrero de 1975, en Altoclaro (Venezuela), le hicieron una pregunta sobre la confesión de los niños... Entre otras cosas, se apoyó en su experiencia sacerdotal:
Yo tengo sobre mi conciencia –y con orgullo lo digo– el haber dedicado muchos, muchos millares de horas a confesar niños en las barriadas pobres de Madrid. Hubiera querido irles a confesar en todas las grandes barriadas más tristes y desamparadas del mundo. Venían con los moquitos hasta la boca. Había que comenzar limpiándoles la nariz, antes de limpiarles un poco aquellas pobres almas. Llevad los niños a Dios, antes de que se meta en ellos el demonio. Creedme, les haréis un gran bien. Yo lo digo por experiencia, por experiencia de miles y miles de almas, y por experiencia mía personal.
En un solo curso, 1929–30, hicieron la Primera Comunión, en la capilla del Patronato, unos 4.000 niños. Como eran tantos, recibían la Comunión en días sucesivos. Todos los alumnos de las escuelas de las Damas Apostólicas eran preparados –y confesados– por el Capellán del Patronato, que se hacía ayudar, cuando podía, por sacerdotes diocesanos. No exageraba al cifrar en muchos millares las horas dedicadas a confesar a esos chavalines.
Don Josemaría, además de preparar el doctorado en Derecho, dar clases en la Academia Cicuéndez, visitar a los enfermos y dedicarse a los alumnos de las escuelas de las Damas Apostólicas, atendía el culto de la iglesia de Santa Engracia, y se ocupaba de los pobres que iban al Comedor de Caridad de aquella casa. Celebraba la Santa Misa por las mañanas, dirigía el Santo Rosario y oficiaba la Bendición con el Santísimo Sacramento. Se dedicaba también personalmente a los pobres del comedor: “era un amigo y un santo sacerdote”, confirma Asunción Muñoz, que, cuando fue nombrada Maestra de Novicias, agradeció al Fundador del Opus Dei sus visitas, muchos domingos, a la casa–noviciado que tenían en el Paseo de la Habana, en Chamartín: “Dentro de su enorme actividad diaria, don Josemaría no parecía tener prisa. Lo hacía todo con sencillez y con paz”.
Sin embargo, llegó un momento en 1931 en que le resultó ya imposible llegar a todo, desempeñando tan diversas actividades con el mínimo de sosiego indispensable para que no se resintiera su vida interior. De otra parte, como es lógico, cada vez le llevaban más tiempo las tareas relacionadas con la fundación de la Obra. Por estas razones, en julio de 1931 dejó de ser capellán de las Damas Apostólicas.
Poco tiempo después comenzó a celebrar la Misa en la iglesia del Patronato de Santa Isabel. Había allí un colegio, que llevaban las monjas de la Asunción, y un convento de clausura de Agustinas Recoletas, fundado por Felipe II y por el Beato Orozco.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.

En un solo curso, 1929–30, hicieron la Primera Comunión, en la capilla del Patronato, unos 4.000 niños. Como eran tantos, recibían la Comunión en días sucesivos. Todos los alumnos de las escuelas de las Damas Apostólicas eran preparados –y confesados– por el Capellán del Patronato, que se hacía ayudar, cuando podía, por sacerdotes diocesanos. No exageraba al cifrar en muchos millares las horas dedicadas a confesar a esos chavalines.
Don Josemaría, además de preparar el doctorado en Derecho, dar clases en la Academia Cicuéndez, visitar a los enfermos y dedicarse a los alumnos de las escuelas de las Damas Apostólicas, atendía el culto de la iglesia de Santa Engracia, y se ocupaba de los pobres que iban al Comedor de Caridad de aquella casa. Celebraba la Santa Misa por las mañanas, dirigía el Santo Rosario y oficiaba la Bendición con el Santísimo Sacramento. Se dedicaba también personalmente a los pobres del comedor: “era un amigo y un santo sacerdote”, confirma Asunción Muñoz, que, cuando fue nombrada Maestra de Novicias, agradeció al Fundador del Opus Dei sus visitas, muchos domingos, a la casa–noviciado que tenían en el Paseo de la Habana, en Chamartín: “Dentro de su enorme actividad diaria, don Josemaría no parecía tener prisa. Lo hacía todo con sencillez y con paz”.
Sin embargo, llegó un momento en 1931 en que le resultó ya imposible llegar a todo, desempeñando tan diversas actividades con el mínimo de sosiego indispensable para que no se resintiera su vida interior. De otra parte, como es lógico, cada vez le llevaban más tiempo las tareas relacionadas con la fundación de la Obra. Por estas razones, en julio de 1931 dejó de ser capellán de las Damas Apostólicas.
Poco tiempo después comenzó a celebrar la Misa en la iglesia del Patronato de Santa Isabel. Había allí un colegio, que llevaban las monjas de la Asunción, y un convento de clausura de Agustinas Recoletas, fundado por Felipe II y por el Beato Orozco.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Clases en la Academia Cicuéndez
- Capellán de las las Damas Apostólicas
- Millares de horas confesando niños
- Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel
- Los enfermos más desamparados
- Don José María Somoano
- Todo lo tenía que hacer el Padre
- Trabajar con una sonrisa
- ¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud!
- Las pupilas que ha dilatado el amor
- Dios creó al hombre para trabajar
- El trabajo es enfermedad incurable para los del Opus Dei
- La santificación del trabajo
- Amar el propio trabajo profesional
- El ejemplo de Jesús en Nazareth
- La santidad no es cosa para privilegiados
- Como los primeros Cristianos
- Una verdadera mentalidad laical
- La materia prima
- Mujeres del Opus Dei
- 14 de febrero de 1930
- Dos borriquillos que tiran del mismo carro
- El inicio de la Sección femenina del Opus Dei
- María Ignacia García Escobar, la primera mujer del Opus Dei
- El cimiento del Opus Dei
- En la calle de Jorge Manrique
- La fundación del Opus Dei: hombres y mujeres
- La fundación del Opus Dei: La sociedad sacerdotal de la Santa Cruz
- Todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración
- El 14 de febrero de 1943
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