Bajo su impulso
Metro Achievement Center
Metro Achievement Center es un centro educativo para la juventud, avalado por la Midtown Educational Foundation. Sus alumnas —la mayoría de origen hispano y afroamericano— provienen de distintos barrios de Chicago.
Metro ocupa desde 1994, un edificio de 1500 m² que cuenta con aulas, dos de ellas con ordenadores, salas para actividades de arte, música, y seminarios profesionales, y una capilla. El ideal que impregna las actividades que allí se realizan, se basa en la doctrina de la Iglesia católica y en las enseñanzas de san Josemaría Escrivá de Balaguer: «Cuantos reúnan condiciones, deben tener acceso a los estudios superiores, sea cual sea su origen social, sus medios económicos, su raza o su religión. Mientras existan barreras en este sentido, la democratización de la enseñanza será sólo una frase vacía».
Es un sábado por la mañana y brilla el sol en la zona oeste de Downtown Chicago. En un local de la planta baja de un edificio de cinco pisos, un grupo de alumnas de séptimo y sexto grado asiste a una clase. Un piso más arriba, otro grupo de chicas mira atentamente a la pantalla de una computadora: buscan información en Internet para un concurso de trabajos de ciencias naturales organizado por el conocido Shedd Aquarium de Chicago. Hay más gente en Metro: en un aula, unas bachilleres asisten a una sesión dirigida por una profesional de una importante compañía de Chicago. Les explica cómo hay que ponerse metas y luchar por cumplirlas para mejorar en la escuela, en su vida familiar y en su trabajo profesional.
¿Qué se requiere para participar en los programas de Metro? Tener la edad prevista, rendimiento escolar medio, vivir en Chicago y disponer de escasos recursos económicos. También se exige que los padres se comprometan a participar en las reuniones que Metro organiza para ellos.
Desarrollo integral de la persona
No hay duda de que el edificio es atractivo. Pero lo que realmente importa en Metro es la filosofía de la educación que anima todo lo que allí se hace. Esperanza Padilla comenzó a acudir a Metro cuando tenía diez años. A pesar de vivir en un barrio muy conflictivo de la ciudad, dice: «ya desde el primer día en Metro, mi actitud empezó a mejorar. Ahora me doy cuenta de que necesitaba que alguien me orientara y me exigiera; sin esto, nunca habría aprendido cosas tan importantes como la constancia en el trabajo. ¡Y Metro lo logró!»
«Ayudamos a las chicas a obtener buenos resultados en la escuela. Pero en Metro vamos más allá de las notas», comenta Sharon Hefferan, Directora Ejecutiva de Metro Achievement Center. «El programa de educación del carácter, que se centra en la adquisición de virtudes, da solidez al desarrollo de la personalidad de cada una. Las chicas de los barrios más conflictivos no tienen dificultades en el colegio, en la universidad, y luego en el trabajo, por falta de medios económicos o por sacar malas notas. En la mayoría de los casos, los fracasos se deben a la falta de disciplina personal, de los hábitos necesarios para hacer las cosas bien. En Metro las motivamos a que sean personas cabales».
El programa de educación del carácter, un rasgo esencial de Metro; incluye clases que se completan con un programa de atención individual. De las virtudes, no sólo se aprende la teoría sino que, con la ayuda de una tutora, que hace las veces de coach (entrenador), se aprende a vivirlas: se concretan las dificultades que cada una encuentra y la tutora ayuda a recomenzar y mantener el esfuerzo. En este programa participan 150 voluntarias: jóvenes profesionales y estudiantes universitarias de la ciudad.
El Marco
Metro tiene un programa dirigido a los padres de las alumnas, en el que se imparten charlas sobre la educación de los hijos. Por ejemplo, se ha dado una serie titulada “Teaching Teens Virtues” (Cómo enseñar virtudes a adolescentes). Sharon Hefferan explica: «En todas las reuniones para padres, insistimos en una idea fundamental: que los padres son los primeros educadores de sus hijos. Nosotros —y otras organizaciones— podemos colaborar con ellos, pero no podemos descargarles de su responsabilidad; lo que hacemos es ayudarles a cumplir su misión».
Como corresponde a la juventud, las chicas de Metro también se divierten. El programa de Fine Arts, con su mezcla de música, danza, teatro, artes plásticas y otras actividades, les brinda oportunidades de expresión personal a través de medios que hasta entonces no habían experimentado. En uno de los proyectos de Metro, las pinturas de las chicas fueron expuestas en una galería del Art Institute of Chicago.
Patti Patino realizó una pasantía en la rama de tecnología en una famosa firma de contaduría, Deloitte & Touche. Como es el caso de varias que han pasado por Metro, Patti sigue vinculada con el centro y sus programas, dando de su tiempo y de lo que ha recibido a otras chicas menores.
«Cuando tenía doce años empecé a acudir a Metro pensando únicamente cómo lograría acabar el bachillerato. Mis padres no hicieron estudios universitarios, y tampoco tenían dinero para que yo asistiera al college; además, me asustaba la idea. Gracias a Metro pude hacer el bachillerato en Willows Academy, un colegio privado».
Metro apoyó los esfuerzos de Patti para completar el bachillerato a través de tutorías y otras ayudas, como técnicas básicas de estudio, etc. «Yo creía que tomar apuntes era escribir, muy rápido, todo lo que decían las maestras. Pero mis tutoras en Metro me enseñaron cómo hacerlo bien, y esto me ha ayudado mucho. Metro ha sido para mí el sitio que necesitaba, allí fui a aprender sobre mi posible futuro en un “college”, a conocer el mundo universitario, y a que alguien me empujara con un animante ¡puedes! ».
Más información: www.midtown-metro.org

Cientos de voluntarias colaboran en las tutorías
Es un sábado por la mañana y brilla el sol en la zona oeste de Downtown Chicago. En un local de la planta baja de un edificio de cinco pisos, un grupo de alumnas de séptimo y sexto grado asiste a una clase. Un piso más arriba, otro grupo de chicas mira atentamente a la pantalla de una computadora: buscan información en Internet para un concurso de trabajos de ciencias naturales organizado por el conocido Shedd Aquarium de Chicago. Hay más gente en Metro: en un aula, unas bachilleres asisten a una sesión dirigida por una profesional de una importante compañía de Chicago. Les explica cómo hay que ponerse metas y luchar por cumplirlas para mejorar en la escuela, en su vida familiar y en su trabajo profesional.

Lo padres participan del proyecto educativo
¿Qué se requiere para participar en los programas de Metro? Tener la edad prevista, rendimiento escolar medio, vivir en Chicago y disponer de escasos recursos económicos. También se exige que los padres se comprometan a participar en las reuniones que Metro organiza para ellos.
Desarrollo integral de la persona
No hay duda de que el edificio es atractivo. Pero lo que realmente importa en Metro es la filosofía de la educación que anima todo lo que allí se hace. Esperanza Padilla comenzó a acudir a Metro cuando tenía diez años. A pesar de vivir en un barrio muy conflictivo de la ciudad, dice: «ya desde el primer día en Metro, mi actitud empezó a mejorar. Ahora me doy cuenta de que necesitaba que alguien me orientara y me exigiera; sin esto, nunca habría aprendido cosas tan importantes como la constancia en el trabajo. ¡Y Metro lo logró!»
«Ayudamos a las chicas a obtener buenos resultados en la escuela. Pero en Metro vamos más allá de las notas», comenta Sharon Hefferan, Directora Ejecutiva de Metro Achievement Center. «El programa de educación del carácter, que se centra en la adquisición de virtudes, da solidez al desarrollo de la personalidad de cada una. Las chicas de los barrios más conflictivos no tienen dificultades en el colegio, en la universidad, y luego en el trabajo, por falta de medios económicos o por sacar malas notas. En la mayoría de los casos, los fracasos se deben a la falta de disciplina personal, de los hábitos necesarios para hacer las cosas bien. En Metro las motivamos a que sean personas cabales».
El programa de educación del carácter, un rasgo esencial de Metro; incluye clases que se completan con un programa de atención individual. De las virtudes, no sólo se aprende la teoría sino que, con la ayuda de una tutora, que hace las veces de coach (entrenador), se aprende a vivirlas: se concretan las dificultades que cada una encuentra y la tutora ayuda a recomenzar y mantener el esfuerzo. En este programa participan 150 voluntarias: jóvenes profesionales y estudiantes universitarias de la ciudad.
El Marco

Metro tiene un programa dirigido a los padres de las alumnas, en el que se imparten charlas sobre la educación de los hijos. Por ejemplo, se ha dado una serie titulada “Teaching Teens Virtues” (Cómo enseñar virtudes a adolescentes). Sharon Hefferan explica: «En todas las reuniones para padres, insistimos en una idea fundamental: que los padres son los primeros educadores de sus hijos. Nosotros —y otras organizaciones— podemos colaborar con ellos, pero no podemos descargarles de su responsabilidad; lo que hacemos es ayudarles a cumplir su misión».
Como corresponde a la juventud, las chicas de Metro también se divierten. El programa de Fine Arts, con su mezcla de música, danza, teatro, artes plásticas y otras actividades, les brinda oportunidades de expresión personal a través de medios que hasta entonces no habían experimentado. En uno de los proyectos de Metro, las pinturas de las chicas fueron expuestas en una galería del Art Institute of Chicago.

«Cuando tenía doce años empecé a acudir a Metro pensando únicamente cómo lograría acabar el bachillerato. Mis padres no hicieron estudios universitarios, y tampoco tenían dinero para que yo asistiera al college; además, me asustaba la idea. Gracias a Metro pude hacer el bachillerato en Willows Academy, un colegio privado».
Metro apoyó los esfuerzos de Patti para completar el bachillerato a través de tutorías y otras ayudas, como técnicas básicas de estudio, etc. «Yo creía que tomar apuntes era escribir, muy rápido, todo lo que decían las maestras. Pero mis tutoras en Metro me enseñaron cómo hacerlo bien, y esto me ha ayudado mucho. Metro ha sido para mí el sitio que necesitaba, allí fui a aprender sobre mi posible futuro en un “college”, a conocer el mundo universitario, y a que alguien me empujara con un animante ¡puedes! ».
Más información: www.midtown-metro.org
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