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Testimonios

¡Ánimo: tú puedes!

Mathilde B., Francia

30 de mayo de 2010

Etiquetas: Vocación cristiana, Santa María de la Paz, Mujer
¿Cómo conociste a San Josemaría? ¿Algún recuerdo especial?
Cuando era pequeña, rezábamos todas las noches una oración en familia. Cada uno le contaba a Jesús lo que había hecho aquel día. Después, cantábamos o rezábamos alguna oración a la Virgen María. Al final, uno de los niños leía la oración de la estampa de san Josemaría. Me acuerdo que yo la leía sin comprender del todo lo que decía pero me sentía orgullosa porque eso suponía que ya era bastante grande como para leer y también que este encarguito no lo tenía sólo mi hermano mayor, como él pretendía.
No puedo decir que por aquel entonces conociese realmente a San Josemaría, pero estoy segura de que él sí me conocía y rezaba por mí.

Lo conocí un poco mejor cuando -hacia los 15 años- leí una de sus biografías "Huellas en la nieve". Fue sin duda la generosidad con la que dedicó toda su vida a Dios después de haber visto esas pisadas en la nieve de un carmelita descalzo lo que me removió.

¿Hay un antes y un después de haber conocido a san Josémaría?
No sabría hablar de un antes o de un después porque como lo he tenido siempre muy cerca, alrededor mío, no hubo un día preciso en que al conocerle pudo haber cambiado mi vida. Tengo más bien la experiencia de un conocimiento cada vez mayor y más profundo de su vida, sus escritos y sus enseñanzas.

Hace varios meses que estoy en Roma por razones profesionales y he tenido la suerte de rezar varias veces delante de sus restos mortales en la iglesia Santa María de la Paz. Y rezar ante las reliquias de un santo, sobre todo cuando ese santo ha dado toda su vida por abrir en el mundo -siguiendo lo que Dios le decía- un camino de santidad, para gente como yo, no puede dejarnos fríos. Entran ganas de darle las gracias de corazón y al mismo tiempo de pedirle que interceda por nosotros, porque uno se siente muy lejos de la santidad que él alcanzó.
Después de esos ratos de oración, vuelvo al trabajo con mucha ilusión, con ganas de poner esfuerzo al día en amar a Dios. Es como si San Josemaría me dijese: "Yo he podido, tu también. Ánimo, ten confianza en Dios y en la Santísima Virgen y ¡hala! lánzate, que puedes llegar al Cielo". Eso es en cierto modo ya un antes y un después, pero lo estupendo es que puedo renovar este próposito varias veces en mi vida, e incluso al día, basta con que le rece a él.

¿Cómo presentarías a San Josemaría si tuvieras la oportunidad?
Creo que en la sociedad de la imagen en la que estamos metidos, invitaría a ver la película «La grandeza de la vida ordinaria» Efectivamente, hay por un lado distintos trozos de tertulias con San Josemaría en los que se le ve hablar, animar a la gente a querer a Cristo y es lo que a uno le remueve enseguida, no se necesita inventar o imaginar cómo era, lo tenemos ahí, en directo. Y, por otra parte, hay testimonios de distintas personas de orígenes diferentes que cuentan lo que San Josemaría les ha aportado a ellas.

¿Qué le agradecerías? ¿Porqué?
Me cuesta contestar porque le debo mucho. Cosas muy pequeñas de la vida corriente y cosas mayores. Le debo, por ejemplo, ¡mi carné de conducir! Sin su intercesión, ¡aún estaría pagando horas de escuela! Pero, no te preocupes, que ya conduzco como Dios manda.
En cuanto a lo esencial, le debo mi familia que sin él no sería ni mucho menos lo que hoy es. En efecto, mis padres son de la Obra desde hace muchos años y de ellos viene el calor, la alegría del espíritu cristiano que reina en nuestro hogar porque luchan todos los días por la santidad según el espíritu de san Josémaría.

Y, desde luego, le debo el estar aquí, en su familia. Es lo mejor que me ha podido suceder. Así es, y estoy segura de la verdad de lo que decía, aún en vida, cuando nos aseguraba que éramos hijos de su oración.