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Maestro y guía de santos
Daniela Rotundo

Ernesto Cofiño, médico pediatra guatemalteco nació en 1899 y murió en 1991. Desde que conoció las enseñanzas del fundador del Opus Dei, intensificó su trato con Dios en la oración y los sacramentos (por nada renunciaba a la Misa y Comunión diarias ni a la Confesión semanal), se aplicó al estudio y a la formación doctrinal religiosa y llevó a cabo una amplia tarea de evangelización con la que procuraba comunicar a todos su alegría y su generosidad. Formado en la Sorbona de París, trabajó con un espíritu de servicio que le llevaba no sólo a ocuparse de la salud de sus pacientes, sino a hacer suyos sus problemas personales. En el ambiente médico es considerado el "padre de la pediatría" en Guatemala. Se prodigó especialmente en la atención de los niños más pobres, de aquéllos que en muchos casos no tenían ni siquiera qué comer. Calificaba el hambre como "el problema número uno de Centroamérica", e hizo de la desnutrición infantil y la tuberculosis el objeto primero y fundamental de sus desvelos de hombre de ciencia. Su sensibilidad sobrenatural y humana le movieron, además, a poner en marcha numerosas iniciativas sociales en beneficio de niños abandonados, de huérfanos y de futuras madres. Fue un apasionado defensor de la vida. La fase diocesana de su causa de beatificación fue clausurada el 5 de abril de 2001, y los correspondientes documentos procesales fueron presentados a la Santa Sede un mes más tarde.
Guadalupe Ortiz de Landázuri (1916-1975), española, conoció a Josemaría Escrivá de Balaguer en 1944 y ese encuentro dio un profundo sentido cristiano a toda su vida. Era doctora en Ciencias Químicas por la Universidad de Madrid. Sus alumnos y sus colegas coinciden en subrayar la calidad de sus clases, la atención amable que prestaba a todos, su respeto a la libertad y la visión cristiana de la vida que empapaba sus lecciones. En 1950, cuando ya pertenecía al Opus Dei, Josemaría Escrivá le pidió que fuera a comenzar el trabajo apostólico de la Obra en México. Allí puso en marcha la residencia universitaria Copenhague y, con ayuda de las estudiantes que se acercaron a esa residencia, impulsó varias iniciativas para la promoción humana de jóvenes campesinas, tanto en México D.F. como en Monterrey, Tacámbaro, Amilpas y otros lugares del país. Al cabo de seis años, una dolencia cardiaca le obligó a volver a España, donde trabajó como profesora en dos instituos de la capital. El Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco, presidió la sesión inaugural de su proceso de canonización el 18 de noviembre de 2001. La causa de Guadalupe Ortiz de Landázuri se ha abierto tres años después que la de su hermano Eduardo (1910-1985), médico eminente, padre de familia y, como Guadalupe, fiel de la Prelatura del Opus Dei.
Otras personas que han procurado seguir el modelo de vida cristiana de Josemaría Escrivá de Balaguer y de las que, una vez fallecidas, la autoridad eclesiástica ha instruido causa de canonización son el argentino Isidoro Zorzano (1902-1943) y el suizo Toni Zweifel (1938-1989), ambos ingenieros, y una chica catalana, Montserrat Grases (1941-1959).
Suplemento de L’Osservatore Romano, 6 de octubre de 2002
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