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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Los tres Primeros Sacerdotes del Opus Dei

Etiquetas: Álvaro del Portillo, Sacerdocio
Tenían las clases en la casa de la calle Diego de León, y también allí se examinaban, ante un tribunal formado por tres de aquellos profesores. Mientras fue necesario, pasaron los exámenes de los cinco años de latín y del bienio filosófico en el Seminario Conciliar de Madrid.

Pero no se dedicaban exclusivamente al estudio. Alternaban las clases con el trabajo y con la atención de las actividades apostólicas. Estaban realmente ocupados, sobre todo, don Álvaro del Portillo, que era ya Secretario general del Opus Dei y ayudaba al Fundador de un modo especial. Sacaban tiempo –del día y de la noche– para estudiar, y lo hacían a fondo. Eran conscientes de que debían combinar la seriedad científica con la disponibilidad más completa, pues aumentaban los socios y las tareas apostólicas, y Mons. Escrivá de Balaguer seguía siendo el único sacerdote.

Por eso, cuando tenían unas cuantas asignaturas cursadas –con las mismas horas de clase que se exigían en una Universidad Pontificia–, pendientes sólo del examen, se iban de Madrid, generalmente a El Escorial, y se centraban en el estudio y preparación próxima de las pruebas finales.

El Fundador del Opus Dei siguió muy de cerca sus estudios. Y quiso encargarse directamente de la formación espiritual, pastoral y apostólica, de aquellos futuros sacerdotes. Es don José Luis Múzquiz quien rememora, con agradecimiento, los paseos que algunas veces daban por las carreteras de los alrededores de Madrid. Y, también, durante las épocas de preparación para los exámenes –en El Escorial o en El Encantiño, una pensión cerca de Torrelodones–, las visitas que les hacia, al atardecer, para hablar con ellos, pasear un rato, e irles formando en el mejor modo de servir a la Iglesia, al Papa, a las almas todas, a la Obra, con su inmediata labor sacerdotal: “Todo esto lo hacia el Padre sin darle importancia, como si no supusiese ningún esfuerzo. Pero era un esfuerzo añadido a toda la carga que llevaba encima: la dirección de la Obra, ser el único sacerdote con un trabajo incesante y agotador; y, además, las calumnias e incomprensiones que pesaban sobre sus hombros”.

Años más tarde, en 1956, se refería en estos formación de aquellos tres sacerdotes:
Desde que preparé a los primeros sacerdotes de la Obra, exageré –si cabe– su formación filosófica y teológica, por muchas razones: la segunda, por agradar a Dios; la tercera, porque había muchos ojos llenos de cariño puestos en nosotros, y no se podía defraudar a esas almas; la cuarta, porque había gente que no nos quería, y buscaba una ocasión para atacar; después, porque en la vida profesional he exigido siempre a mis hijos la mejor formación, y no iba a ser menos en la formación religiosa. Y la primera razón –puesto que yo me puedo morir de un momento a otro, pensaba–, porque tengo que dar cuenta a Dios de lo que he hecho, y deseo ardientemente salvar mi alma.

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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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