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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Más sabía de Madrid que muchos madrileños

Etiquetas: Opus Dei, Trabajo
Más sabía de Madrid que muchos madrileños. Y esto era otra muestra de que, mientras se encendía en designios de universalidad, vivía con los pies en la tierra, y amaba el concreto mundo en que Dios le había colocado: la casa donde nació, su familia, el paisaje del Somontano, las calles de Zaragoza o los rincones de Madrid. No era un desarraigado, y con su inconfundible acento aragonés –que no quiso ni necesitó disimular–, difundió su mensaje universal por los caminos de la tierra.

En esta forma de ser del Fundador del Opus Dei encontramos alguna de las razones de su capacidad para llegar a hombres o mujeres de todas las razas y de las más diversas culturas. Porque no hay nada más universalmente humano que una personalidad entera y rica, cordial y sincera.

Al mismo tiempo, su espíritu se nutría de ese venero más profundo, que es la catolicidad –la universalidad– de la Iglesia.

Una y otra venían a confluir en lo que Dios quería que fuese el Opus Dei: un camino de espiritualidad, centrado en la santificación del trabajo ordinario. Y, realmente, como señalaba en La Voz de Asturias (Oviedo) un profesor de Derecho canónico, José María González del Valle, glosando textos de Mons. Escrivá de Balaguer: “El trabajo ordinario es una realidad universal, no es una costumbre española, ni una moda nacida en el siglo en que vivimos. No es aventurado prever que dentro de muchos siglos, los hombres continuarán trabajando. Ni parece que quepa restringir esa realidad a determinados sectores del planeta. De ahí, que ese camino trascienda los límites de espacio y tiempo. No es sólo que de hecho el fenómeno espiritual del Opus Dei se haya extendido por las diversas regiones de la tierra, sino que ese fenómeno espiritual es en sí mismo –por su naturaleza universal; tanto hoy, cuando el Opus Dei cuenta con miles de socios, como en el año 1928, fecha de su fundación”.

Los que se acercaron a don Josemaría, en los comienzos de la Obra, tuvieron claro desde el primer momento que el Opus Dei no había nacido para remediar las necesidades de un país o de una época determinada, sino que Dios quería una Obra para todos y para cualquier tiempo.

Entre muchas otras personas, se acuerda Natividad González, que le conoció en Madrid a finales de 1933 o comienzos de 1934, cuando comenzó a frecuentar –vivía en la calle de Atocha, número 121– la iglesia de Santa Isabel, donde celebraba Misa don Josemaría. Natividad observó que todos los días tenía algunas personas esperando para confesar. Una mañana se acercó a una de ellas y le preguntó si aquel sacerdote era buen confesor... Aquella chica –que le inspiraba confianza– le dijo que sí, que era un Padre estupendo, que le gustaría. Y comenzó a confesarse con él.


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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