San Josemaría Escrivá
La Vida

Los años del Seminario

Etiquetas: Sacerdocio, Voluntad de Dios, Zaragoza
San Josemaría en el seminario
San Josemaría en el seminario
¿Por qué me hago sacerdote? El Señor quiere algo; ¿qué es? Y con un latín de baja latinidad, repetía: Domine, ut videam! Ut sit! Ut sit! Que sea eso que Tú quieres y que yo ignoro.

Josemaría presentía que Dios le estaba preparando para algo. ¿Qué era? No lo sabía. Sobre esta época de barruntos, comentaba: “acuden a mi pensamiento tantas manifestaciones del amor de Dios en aquellos años de mi adolescencia, cuando barruntaba que el Señor quería algo de mí, algo que no sabía lo que era”. A partir de aquí comenzó a pedir en su oración cada vez con más fuerza:
—Señor, ¡que vea!

En 1918 comenzó los estudios eclesiásticos como alumno externo en el Seminario de Logroño, como solían hacer los seminaristas que vivían en la ciudad. Dos años después, en 1920, se incorporó al Seminario de San Carlos de Zaragoza.

El Arzobispo de Zaragoza, Cardenal Soldevila —que fue asesinado poco después por odio a la fe—, advirtió pronto el don de gentes y las cualidades espirituales y morales del joven Josemaría: un joven responsable, alegre, con muy buen humor, por lo que en 1922 le confió el cargo de inspector del seminario. En 1923, con permiso de sus superiores, pudo realizar un antiguo deseo de su padre, estudiar también Derecho en la Universidad Civil de Zaragoza.

El joven seminarista se acercaba todos los días a la cercana Basílica del Pilar y le confiaba sus afanes y sus inquietudes íntimas a la Virgen: “yo, medio ciego, siempre esperando el porqué. ¿Por qué me hago sacerdote? El Señor quiere algo; ¿qué es? Y con un latín de baja latinidad, repetía: Domine, ut videam! Ut sit! Ut sit! Que sea eso que Tú quieres y que yo ignoro. Domina, ut sit!
Basílica de <i>N. Sra. del Pilar</i>, Zaragoza
Basílica de N. Sra. del Pilar, Zaragoza

Pasaba largos ratos de oración junto al Sagrario, a veces incluso durante toda la noche. Recordaba con emoción cuando permaneció en vela en la Basílica de nuestra Señora del Pilar: “un día pude quedarme en la iglesia después de cerradas las puertas. Me dirigí hacia la Virgen, con la complicidad de uno de aquellos buenos sacerdotes ya difunto, subí las pocas escaleras que tan bien conocen los infanticos y, acercándome, besé la imagen de nuestra Madre. Sabía que no era ésa la costumbre, que besar el manto se permitía exclusivamente a los niños y a las autoridades. Sin embargo, estaba y estoy seguro de que a mi Madre del Pilar le dio alegría que me saltara por una vez los usos establecidos en su catedral”.

28 de marzo 1925, Josemaría sacerdote

El 27 de noviembre de 1924 recibió un aviso inesperado: debía ir rápidamente a Logroño porque su padre acababa de morir de forma repentina. “Mi padre murió agotado —recordaba años después—. Tenía una sonrisa en los labios...”
Don José —que tanto le había ayudado con su generosidad y sus consejos— no estaría presente en la próxima ordenación sacerdotal de su hijo Josemaría. Tras su muerte, Josemaría se convirtió en el cabeza de familia con graves problemas económicos por resolver; sin embargo, conservaría siempre vivo el ejemplo de honradez y espíritu de sacrificio de su padre.

Con sus compañeros del seminario  de San Carlos, en Zaragoza
Con sus compañeros del seminario de San Carlos, en Zaragoza
El 28 marzo de 1925 Josemaría Escrivá de Balaguer fue ordenado sacerdote en la capilla del Seminario. El día 30 celebró su primera Misa en la Basílica del Pilar en sufragio por el alma de su padre. Estaban presentes únicamente su madre, sus hermanos y algunos amigos. Desde aquel momento, la Santa Misa se reafirmó como el verdadero centro de su vida. A lo largo de su existencia Dios le iría dando luces decisivas para su misión durante la celebración de la Eucaristía. “Lucha para conseguir que el Santo Sacrificio del Altar sea el centro y la raíz de tu vida interior, de modo que toda la jornada se convierta en un acto de culto —prolongación de la Misa que has oído y preparación para la siguiente—, que se va desbordando en jaculatorias, en visitas al Santísimo, en ofrecimiento de tu trabajo profesional y de tu vida familiar...”