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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Afán apostólico
El Rector del Seminario, don José López Sierra, alabó siempre –hasta su muerte– el afán apostólico de Josemaría como director de seminaristas: quería ganarlos a todos para Cristo, que todos fueran uno en Cristo, y lo conseguía con su recto proceder. No era partidario de castigos. Formaba a los jóvenes seminaristas con una “sencillez y suavidad encantadora”: “su mera presencia, siempre atrayente y simpática, contenía a los más indisciplinados; una sencilla sonrisa, acogedora, asomaba por sus labios cuando observaba en sus seminaristas algún acto edificante; una mirada discreta, penetrante, triste a veces, y muy compasiva, reprimía a los más díscolos”.
Así fueron discurriendo los años de Seminario. Sabemos también que pasaba muchas horas haciendo oración en la tribuna de la derecha (del lado de la epístola) arriba, en la iglesia de San Carlos.
Los períodos de vacaciones los pasaba en Logroño y seguramente, como cuando era pequeño, iría por Fonz, donde vivía su tío, Mosén Teodoro. Algún verano estuvo una temporada en Villel (Teruel), con la familia de don Antonio Moreno, entonces vicepresidente del Seminario sacerdotal de San Carlos. Lo reseña Carmen Noailles, viuda de otro Antonio Moreno, sobrino del anterior, más o menos de la edad de Josemaría, que estudiaba Medicina en la Universidad de Zaragoza. Su vida en ese pueblo era completamente normal: charlaban, paseaban, iban a pescar o a coger cangrejos, salían alguna vez de excursión. Carmen Noailles cita detalles diversos que expresan la finura con que Josemaría practicaba la virtud de la pureza y el pudor.
Nunca salió allí con chicas. Sus maneras elegantes, el aspecto esbelto de su persona, su apariencia agradable en el trato, atraían a las chicas. Cuando Antonio o algún otro amigo le hacían llegar comentarios en este sentido, los cortaba, exclamando algo así como: –Si me conocieran bien, por dentro, tal como soy... Y si alguien contaba chistes de mal gusto o cosas poco limpias, con afecto, pero con vigor, les dejaba cortados con contestaciones muy oportunas. “Nunca le vi hacer la más mínima concesión, y no admitía bromas o comentarios ligeros al respecto”.
Todos en aquella casa le apreciaban mucho, porque Josemaría se hacía querer: “era muy comedido, discreto y prudente, pero afectuoso, y aparecía constantemente su natural y maravilloso sentido del humor”. Lo consideraban como un hijo más de la familia.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.

Así fueron discurriendo los años de Seminario. Sabemos también que pasaba muchas horas haciendo oración en la tribuna de la derecha (del lado de la epístola) arriba, en la iglesia de San Carlos.
Los períodos de vacaciones los pasaba en Logroño y seguramente, como cuando era pequeño, iría por Fonz, donde vivía su tío, Mosén Teodoro. Algún verano estuvo una temporada en Villel (Teruel), con la familia de don Antonio Moreno, entonces vicepresidente del Seminario sacerdotal de San Carlos. Lo reseña Carmen Noailles, viuda de otro Antonio Moreno, sobrino del anterior, más o menos de la edad de Josemaría, que estudiaba Medicina en la Universidad de Zaragoza. Su vida en ese pueblo era completamente normal: charlaban, paseaban, iban a pescar o a coger cangrejos, salían alguna vez de excursión. Carmen Noailles cita detalles diversos que expresan la finura con que Josemaría practicaba la virtud de la pureza y el pudor.
Nunca salió allí con chicas. Sus maneras elegantes, el aspecto esbelto de su persona, su apariencia agradable en el trato, atraían a las chicas. Cuando Antonio o algún otro amigo le hacían llegar comentarios en este sentido, los cortaba, exclamando algo así como: –Si me conocieran bien, por dentro, tal como soy... Y si alguien contaba chistes de mal gusto o cosas poco limpias, con afecto, pero con vigor, les dejaba cortados con contestaciones muy oportunas. “Nunca le vi hacer la más mínima concesión, y no admitía bromas o comentarios ligeros al respecto”.
Todos en aquella casa le apreciaban mucho, porque Josemaría se hacía querer: “era muy comedido, discreto y prudente, pero afectuoso, y aparecía constantemente su natural y maravilloso sentido del humor”. Lo consideraban como un hijo más de la familia.
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Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
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Relación de contenidos
- El papel de Tía Carmen y la Abuela
- Ofrece tus molestias por esa labor
- La muerte de su hermana Carmen
- Calor de hogar
- La niña de sus ojos
- Intuía nuestras preocupaciones
- ¿Cuántos días hace que no escribes a tus padres?
- Con aire de intimidad
- Somos una familia
- La santidad del amor humano
- La sensualidad corta las alas del amor
- Tratar de cosas divinas a lo humano, y de cosas humanas a lo divino
- Todo tu corazón
- Un hogar luminoso y alegre
- Materializar el amor de Dios por todos sus hijos
- Circunstancias difíciles en el matrimonio
- El latín, para los curas
- Nunca pensé ser cura
- La única vez que le vi llorar
- El seminario de Logroño
- Los años de San Josemaría Escrivá en Zaragoza
- Mientras Josemaría esperaba conocer el plan de Dios
- El ambiente en el seminario
- Una pelea en el seminario
- Superior del Seminario
- Afán apostólico
- Visitas diarias a Nuestra Señora del Pilar
- Estudios civiles
- Licenciado en Derecho
- Me comería ¡cada plato de sopas con vino!...
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