PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiAnunciar la buena nueva de Cristo en todos los lugares


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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Anunciar la buena nueva de Cristo en todos los lugares
A un socio de la Obra, que es nissei –hijo de japonés, nacido en Brasil–, le confiaría:
–Cuando veo tu carita, me acuerdo de tu país –os quiero mucho a los japoneses–, que es noble, grande, de hombres de ciencia y de cultura, con sed de verdad y de Dios, y que están en la oscuridad del paganismo.
Y pienso en África. Aquí hay tantos de raza negra, con antepasados que han sido traídos injustamente de África... ¡Qué bonito sería lograr que me salieran aquí muchas vocaciones de gente de raza africana, que quisieran volver a África! Aquí, con todo este sentido de nación, tenéis mucha más facilidad para hacer el ut eatis!
Ut eatis!, no sólo al gran continente brasileño. Ut eatis!, al Japón, ut eatis!, a África, que es un continente que nos espera con los brazos abiertos.
El Fundador del Opus Dei soñaba con que esos hombres, que habían llegado a Brasil por la fuerza de los acontecimientos históricos, pudieran volver a sus países de origen, por su propia voluntad, a llevar el amor de Cristo.
A lo largo de aquellos días, dio respuesta a muchas preguntas concretas, y abrió horizontes de apostolado, para que los socios de la Obra se planteasen cada día metas más exigentes en aquella nación y, desde allí, en el mundo entero:
En Brasil tenemos los católicos mucho que hacer, porque se ve gente necesitada de lo más elemental: de instrucción religiosa –hay tantos sin bautizar–, y también de elementos de cultura corrientes. Los hemos de promover de tal manera que no se quede nadie sin trabajo; que no exista un anciano que se preocupe porque está mal asistido; que ningún enfermo se encuentre abandonado; que no haya nadie con hambre y sed de justicia y que no pueda saciarla.
Y después, desde esta plataforma maravillosa –proseguía con la mirada a lo lejos y la mano extendida–, a atender las necesidades espirituales de Oriente, donde la gente es muy bien recibida, pero mejor aún si la cara ayuda, como suelen decir en Sao Paulo:
–Luego si amamos de verdad al Japón, por ejemplo, y a la China –con sus grandes tradiciones milenarias, con su cultura imponente, con su arte, con su gracia, con su historia...–, debemos desear que haya japoneses y chinos, formados aquí, formados en Filipinas, formados en Perú, formados en otros sitios, que voluntariamente quieran volver al país de origen de sus padres, para anunciarles la buena nueva de Cristo.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
–Cuando veo tu carita, me acuerdo de tu país –os quiero mucho a los japoneses–, que es noble, grande, de hombres de ciencia y de cultura, con sed de verdad y de Dios, y que están en la oscuridad del paganismo.
Y pienso en África. Aquí hay tantos de raza negra, con antepasados que han sido traídos injustamente de África... ¡Qué bonito sería lograr que me salieran aquí muchas vocaciones de gente de raza africana, que quisieran volver a África! Aquí, con todo este sentido de nación, tenéis mucha más facilidad para hacer el ut eatis!
Ut eatis!, no sólo al gran continente brasileño. Ut eatis!, al Japón, ut eatis!, a África, que es un continente que nos espera con los brazos abiertos.
El Fundador del Opus Dei soñaba con que esos hombres, que habían llegado a Brasil por la fuerza de los acontecimientos históricos, pudieran volver a sus países de origen, por su propia voluntad, a llevar el amor de Cristo.
A lo largo de aquellos días, dio respuesta a muchas preguntas concretas, y abrió horizontes de apostolado, para que los socios de la Obra se planteasen cada día metas más exigentes en aquella nación y, desde allí, en el mundo entero:
En Brasil tenemos los católicos mucho que hacer, porque se ve gente necesitada de lo más elemental: de instrucción religiosa –hay tantos sin bautizar–, y también de elementos de cultura corrientes. Los hemos de promover de tal manera que no se quede nadie sin trabajo; que no exista un anciano que se preocupe porque está mal asistido; que ningún enfermo se encuentre abandonado; que no haya nadie con hambre y sed de justicia y que no pueda saciarla.
Y después, desde esta plataforma maravillosa –proseguía con la mirada a lo lejos y la mano extendida–, a atender las necesidades espirituales de Oriente, donde la gente es muy bien recibida, pero mejor aún si la cara ayuda, como suelen decir en Sao Paulo:
–Luego si amamos de verdad al Japón, por ejemplo, y a la China –con sus grandes tradiciones milenarias, con su cultura imponente, con su arte, con su gracia, con su historia...–, debemos desear que haya japoneses y chinos, formados aquí, formados en Filipinas, formados en Perú, formados en otros sitios, que voluntariamente quieran volver al país de origen de sus padres, para anunciarles la buena nueva de Cristo.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- La Academia DYA: Dios y Audacia
- La Academia DYA y la formación de los jóvenes universitarios
- Medios sobrenaturales
- Corazón Universal: Cada caminante siga su camino
- Mientras más personas haya que sirvan a Dios, mejor
- Amplitud de miras
- Cada caminante siga su camino
- Ideas universales y concretas
- La raza de los hijos de Dios
- El Opus Dei se encuentra tan a gusto en Inglaterra como en Kenya
- Corazón Universal
- Dar a conocer a Dios a todas las almas
- Anunciar la buena nueva de Cristo en todos los lugares
- Un crimen de la humanidad
- La locura de los hijos de Dios
- Una cadena de imposibles
- ¿Va usted a decir Misa?
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