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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

La historia de Juan el lechero

Etiquetas: Oración, Presencia de Dios
A Natividad González don Josemaría le contó la historia de Juan el lechero, ocurrida en la iglesia del Patronato de Santa Isabel. Juan repartía sus cántaras por el barrio, con un carro de mano. Don Josemaría, desde el confesonario, oía, siempre a la misma hora, un ruido que resonaba en el silencio de la mañana. Hasta que un día salió a ver qué pasaba. Y encontró a Juan, con sus cántaras, en la puerta de la iglesia. Entraba un momento y decía: –Jesús, aquí está Juan, el lechero. El Fundador del Opus Dei se pasó el día diciendo esta jaculatoria: –Señor, aquí está este desgraciado, este sacerdote desgraciado, que no te sabe amar como Juan el lechero. Se había conmovido mucho. La actitud de aquel hombre del pueblo era una manera preciosa de hacer oración. Y aprendía de él, y empleaba la historia de Juan el lechero, para que las personas que trataba aprendieran, también, a acercarse a la oración con esa naturalidad y confianza.

Otra escena se le quedó grabada a don Avelino Gómez Ledo, cuando, años después de su época en la residencia de la calle de Larra, se encontró casualmente por la calle al Fundador del Opus Dei. Fue cerca de la Plaza de Cibeles, por donde está el Banco de España. Don Avelino no tuvo duda de que el Padre –envuelto en su manteo, como si las propias vueltas del manteo le ayudasen a recogerse– iba rezando por la calle, unido con Dios, por la acera de aquel paseo madrileño.

Don Josemaría enderezó a muchas almas por caminos de vida interior, perfectamente normales, sencillos, recios, auténticos, también humanos, sin rarezas ni complicaciones. Toda su vida, toda su predicación, todo el espíritu del Opus Dei rebosa ese tono amable –no por ello menos exigente–, consecuencia del trato filial con Dios. Basten aquí, como leve muestra, estas consideraciones de Camino, que han ayudado a miles de hombres y mujeres a comenzar a hacer oración:
¿Que no sabes orar? –Ponte en la presencia de Dios, y en cuanto comiences a decir: “Señor, ¡que no sé hacer oración!...”, está seguro de que has empezado a hacerla (Camino, 90).
Me has escrito: “orar es hablar con Dios. Pero, ¿de qué?” –¿De qué? De Él, de ti: alegrías, tristezas, éxitos y fracasos, ambiciones nobles, preocupaciones diarias..., ¡flaquezas!: y hacimientos de gracias y peticiones: y Amor y desagravio.
En dos palabras: conocerle y conocerte: “¡tratarse!”
(Camino, 91).







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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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