PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiLa fundación del Opus Dei: hombres y mujeres


Libros
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
La fundación del Opus Dei: hombres y mujeres
Ahora, apenas treinta años después, muchas asociadas de la Obra son doctoras por Facultades de Teología o de Derecho canónico, y están en condiciones de continuar esa labor de formación.
Otras muchas han adquirido títulos semejantes en las más diversas ciencias profanas, y –como escribió una periodista venezolana, Beatriz Mercedes Briceño–Picón, en El Nacional de Caracas– “ejercen todas las profesiones y oficios nobles de la tierra, desde la sencilla y entrañable labor que lleva el amor cristiano al trabajo de la tierra, al taller, al hogar familiar, hasta la difícil misión de ejercer cátedras universitarias y altos cargos en la administración pública”. Son mayoría –aunque esto no llame la atención a nadie– las mujeres del Opus Dei, madres de familia, que intentan hacer de sus hogares ámbitos de paz, luminosos y alegres, donde los hijos, desde los primeros años, aprendan a vivir las virtudes cristianas y a prepararse para trabajar seriamente en servicio de sus hermanos los hombres.
Pero de lo que no cabe la menor duda es que el mismo espíritu, equivalente responsabilidad, idéntica urgencia humana y apostólica atañen al hombre y a la mujer. Porque –para Mons. Escrivá de Balaguer– no hay diferencia ninguna entre ellos cuando se trata de su dignidad como personas o de su condición de hijos de Dios. Las peculiaridades del varón o de la mujer sólo pueden entenderse a partir de su igualdad fundamental, como explicó brillante y claramente en sus respuestas a la directora de la revista Telva de Madrid, que fueron recogidas en Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer. Invito al lector a fijarse, por ejemplo, en el número 90 de ese libro y a leerlo sustituyendo, siempre que aparece la palabra “mujer”, por la palabra “varón”: verá que no hay ninguna diferencia; porque son en todo semejantes sus responsabilidades como personas, como hijos de Dios.
Se entiende su desahogo, en otro pasaje de ese libro –número 14–, cuando declara:
Aún recuerdo el asombro e incluso la crítica –ahora en cambio tienden a imitar, en esto como en tantas otras cosas con que determinadas personas comentaron el hecho de que el Opus Dei procurara que adquiriesen grados académicos en ciencias sagradas también las mujeres que pertenecen a la Sección femenina de nuestra Asociación.
Pienso, sin embargo, que estas resistencias y reticencias irán cayendo poco a poco. En el fondo es sólo un problema de comprensión eclesiológica: darse cuenta de que la Iglesia no la forman sólo los clérigos y los religiosos, sino que también los laicos –mujeres y hombres– son Pueblo de Dios y tienen, por Derecho divino, una propia misión y responsabilidad.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Otras muchas han adquirido títulos semejantes en las más diversas ciencias profanas, y –como escribió una periodista venezolana, Beatriz Mercedes Briceño–Picón, en El Nacional de Caracas– “ejercen todas las profesiones y oficios nobles de la tierra, desde la sencilla y entrañable labor que lleva el amor cristiano al trabajo de la tierra, al taller, al hogar familiar, hasta la difícil misión de ejercer cátedras universitarias y altos cargos en la administración pública”. Son mayoría –aunque esto no llame la atención a nadie– las mujeres del Opus Dei, madres de familia, que intentan hacer de sus hogares ámbitos de paz, luminosos y alegres, donde los hijos, desde los primeros años, aprendan a vivir las virtudes cristianas y a prepararse para trabajar seriamente en servicio de sus hermanos los hombres.
Pero de lo que no cabe la menor duda es que el mismo espíritu, equivalente responsabilidad, idéntica urgencia humana y apostólica atañen al hombre y a la mujer. Porque –para Mons. Escrivá de Balaguer– no hay diferencia ninguna entre ellos cuando se trata de su dignidad como personas o de su condición de hijos de Dios. Las peculiaridades del varón o de la mujer sólo pueden entenderse a partir de su igualdad fundamental, como explicó brillante y claramente en sus respuestas a la directora de la revista Telva de Madrid, que fueron recogidas en Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer. Invito al lector a fijarse, por ejemplo, en el número 90 de ese libro y a leerlo sustituyendo, siempre que aparece la palabra “mujer”, por la palabra “varón”: verá que no hay ninguna diferencia; porque son en todo semejantes sus responsabilidades como personas, como hijos de Dios.
Se entiende su desahogo, en otro pasaje de ese libro –número 14–, cuando declara:
Aún recuerdo el asombro e incluso la crítica –ahora en cambio tienden a imitar, en esto como en tantas otras cosas con que determinadas personas comentaron el hecho de que el Opus Dei procurara que adquiriesen grados académicos en ciencias sagradas también las mujeres que pertenecen a la Sección femenina de nuestra Asociación.
Pienso, sin embargo, que estas resistencias y reticencias irán cayendo poco a poco. En el fondo es sólo un problema de comprensión eclesiológica: darse cuenta de que la Iglesia no la forman sólo los clérigos y los religiosos, sino que también los laicos –mujeres y hombres– son Pueblo de Dios y tienen, por Derecho divino, una propia misión y responsabilidad.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Clases en la Academia Cicuéndez
- Capellán de las las Damas Apostólicas
- Millares de horas confesando niños
- Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel
- Los enfermos más desamparados
- Don José María Somoano
- Todo lo tenía que hacer el Padre
- Trabajar con una sonrisa
- ¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud!
- Las pupilas que ha dilatado el amor
- Dios creó al hombre para trabajar
- El trabajo es enfermedad incurable para los del Opus Dei
- La santificación del trabajo
- Amar el propio trabajo profesional
- El ejemplo de Jesús en Nazareth
- La santidad no es cosa para privilegiados
- Como los primeros Cristianos
- Una verdadera mentalidad laical
- La materia prima
- Mujeres del Opus Dei
- 14 de febrero de 1930
- Dos borriquillos que tiran del mismo carro
- El inicio de la Sección femenina del Opus Dei
- María Ignacia García Escobar, la primera mujer del Opus Dei
- El cimiento del Opus Dei
- En la calle de Jorge Manrique
- La fundación del Opus Dei: hombres y mujeres
- La fundación del Opus Dei: La sociedad sacerdotal de la Santa Cruz
- Todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración
- El 14 de febrero de 1943
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