Libros
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

La Academia DYA: Dios y Audacia

Etiquetas: Audacia, Dios
La Academia DYA era un centro cultural y de enseñanza. Se daban clases de temas profesionales y se organizaban ciclos de conferencias, también de cuestiones doctrinales, como los cursos sobre apologética, que dirigía un sacerdote, don Vicente Blanco. En la Academia se tenían además clases de formación espiritual y apostólica para los socios de la Obra y para los chicos que, sin serlo, participan de la labor, y acudían a charlar con don Josemaría de sus problemas personales.

Aunque la casa era relativamente pequeña, fueron grandes los apuros económicos para sacarla adelante. Las iniciales de aquella Academia DYA correspondían a estudios que allí se daban: Derecho y Arquitectura. “Pero en el fondo –dice Pedro Rocamora– eran las siglas de aquellos lemas de los que don Josemaría me había hablado en el año 28: Dios y Audacia. A los frívolos o para los malintencionados, el lema pudiera parecer escandaloso, pero lo que don Josemaría pretendía es que con la confianza puesta en Dios, haciéndose cada joven aliado y amigo del Señor, se lanzase a hacer el bien por el mundo con audacia apostólica. Subrayo esto, porque la malignidad contemporánea ha tratado de dar una dimensión de intereses humanos a esa audacia. Nada más distinto del pensamiento del Padre. Audacia para ser apóstol, audacia para sacrificarse, audacia para hacer el bien, audacia para ayudar al que sufre, al que padece y al que lo necesita, para dar un consejo aunque sea inoportuno, para arrancar a un amigo de las garras del pecado. Para eso era la audacia que don Josemaría predicaba”.

En uno de sus últimos viajes a Madrid, el Fundador del Opus Dei cruzó un día por la calle de Luchana. Lo evocaba en Roma, el día de San José de 1975, tres meses antes de su repentino fallecimiento:
Hemos pasado por delante del edificio, hace poco tiempo, y el corazón me latía fuerte... ¡Cuántos sufrimientos! ¡Cuánta contradicción! ¡Cuánta charlatanería! ¡Cuántas mentirotas!...

Y aludiendo a la generosidad con que su familia le ayudó a instalar aquella casa, recordaba también el expresivo comentario de su hermano Santiago, entonces apenas adolescente:
Cada día, cuando me marchaba de casa de mi madre, venía mi hermano Santiago, metía las manos en mis bolsillos, y me preguntaba: ¿qué te llevas a tu nido?


←página anterior == página siguiente →


Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.