PortadaTestimoniosJuan Pablo II, Plaza de San Pedro, Roma, Italia
Testimonios

Juan Pablo II, Plaza de San Pedro, Roma, Italia

El rostro tierno de un Padre

7 de octubre de 2002

Etiquetas: Abandono en Dios, Filiación divina
El Señor le hizo entender profundamente el don de nuestra filiación divina. Él enseñó a contemplar el rostro tierno de un Padre en el Dios que nos habla a través de las más diversas vicisitudes de la vida. Un Padre que nos ama, que nos sigue paso a paso y nos protege, nos comprende y espera de cada uno de nosotros la respuesta del amor. La consideración de esta presencia paterna, que lo acompaña a todas partes, le da al cristiano una confianza inquebrantable; en todo momento debe confiar en el Padre celestial. Nunca se siente solo ni tiene miedo. En la Cruz —cuando se presenta — no ve un castigo sino una misión confiada por el mismo Señor. El cristiano es necesariamente optimista, porque sabe que es hijo de Dios en Cristo.