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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Los años de San Josemaría Escrivá en Zaragoza

Etiquetas: Opus Dei, Zaragoza, seminario
Fachada de la iglesia del seminario de San Carlos en Zaragoza
Fachada de la iglesia del seminario de San Carlos en Zaragoza
Pasó el tiempo, y sucedieron muchas cosas duras, tremendas, que no os digo porque a mí no me causan pena, pero a vosotros sí que os entristecerían. Eran hachazos de Dios Nuestro Señor, con el fin de preparar –de ese árbol– la viga que iba a servir, a pesar de su debilidad, para hacer su Obra. Yo, casi sin darme cuenta, repetía: Domine, ut videam!, Domine, ut sit! No sabía lo que era, pero seguía adelante, adelante, sin corresponder plenamente a la bondad de Dios, esperando lo que más tarde habría de recibir: una colección de gracias, una detrás de otra, que no sabía cómo calificar y que llamaba operativas, porque de tal manera dominaban mi voluntad que casi no tenía que hacer esfuerzo. Adelante, sin cosas raras, trabajando sólo con mediana intensidad... Fueron los años de Zaragoza.

Josemaría comenzó en esta ciudad una vida muy diferente de la que había llevado hasta entonces, y que transcurriría entre el Seminario de San Carlos y la Universidad Pontificia de San Palero y San Braulio.

La Universidad Pontificia estaba en la plaza de la Seo, junto al Palacio Arzobispal. Allí se podían obtener la Licenciatura y el Doctorado en Filosofía, en Teología y en Derecho Canónico. Los seminaristas iban a clase a esta Universidad Pontificia, mientras que el resto de la formación sacerdotal –estudio, piedad, disciplina– la recibían en los Seminarios en que se alojaban.

A finales de septiembre de 1920, Josemaría se incorporó al Seminario de San Francisco de Paula, que ocupaba un par de plantas en el edificio del Seminario Sacerdotal de San Carlos, pero tenía oratorio y comedor independientes. Los seminaristas vestían una túnica negra, sin mangas, y llevaban beca roja con escudo metálico: un sol y la palabra charitas. Desde San Carlos iban por el Coso a clase hasta la plaza de la Seo en dos filas, acompañados por un inspector. Antes de desayunar, hacían en San Carlos media hora dé meditación y asistían a la Santa Misa. Al acabar las clases –ordinariamente tres– volvían al Seminario para la comida. Y por la tarde, de nuevo a la Universidad. Cuando regresaban, tenían recreo, estudio y rosario; cenaban y, antes de acostarse, rezaban unas preces y recibían una breve plática, con los puntos para la meditación del día siguiente. Los jueves por la tarde iban de paseo, en filas, por lugares poco frecuentados, o por el campo. Los domingos podían salir los que tenían parientes en Zaragoza.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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