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¡Perdóname!, darse un buen abrazo...¡Y adelante!
Mons. Javier Echevarría

San Josemaría comprendía y disculpaba esas debilidades, porque, «como somos criaturas humanas, alguna vez se puede reñir; pero poco. Y después —añadía—, los dos han de reconocer que tienen la culpa y decirse uno a otro: ¡perdóname!, y darse un buen abrazo... ¡Y adelante! Pero que se note que ya no volvéis a tener litigios durante mucho tiempo. Y delante de los hijos, pequeños o mayores, no riñáis nunca. Aunque sean muy chicos, los niños se fijan en todo» (San Josemaría, Apuntes tomados en una tertulia, 4-VI-1974).
Este panorama estupendo, hijas e hijos míos que vivís vuestra vocación divina en el matrimonio, se manifiesta también en sacrificios generalmente pequeños, aunque a veces se os antojen grandes. La responsabilidad de sacar adelante vuestro hogar compete —al cien por cien— al padre y a la madre, en todos los órdenes. Quizá uno de los cónyuges, por exigencias del trabajo, pasará gran parte del tiempo fuera del hogar; pero al volver a casa, después de la jornada de trabajo —incluso agotadora—, no puede desentenderse de hacer grata la convivencia a los demás miembros de la familia; como no puede dedicarse a pensar con egoísmo en el propio descanso. Debéis dedicar al otro cónyuge el cariño y las atenciones a que tiene derecho, y a los hijos —sobre todo en algunas épocas más importantes de su desarrollo físico y afectivo— el tiempo y el cariño que necesitan.
Del Prelado del Opus Dei, Mons. Javier Echevarría, en su Carta de Mayo de 2007 a los fieles y cooperadores del Opus Dei
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