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Hay vida más allá de la jubilación
22 de enero de 2010

De san Josemaría han aprendido, toda la vida, a trabajar sin cansancio, a ver el trabajo como un trampolín para transmitir el espíritu cristiano. “El trabajo bien hecho siempre es rentable”, afirma Inés que, desde que sus amigas y antiguas compañeras de trabajo se han enterado de que probablemente su próximo hogar sea la capital de la República Democrática del Congo, le dicen que ellas también quieren acompañarle. Y se han interesado por su labor los medios locales y Nuestro Tiempo, la revista que edita la Universidad de Navarra. “Es que esto de ir a África tiene glamour”, asegura Inés.

Los dos habían conocido a san Josemaría durante sus años de estudiantes, asistían a los medios de formación cristiana del Opus Dei y habían pedido la admisión como Supernumerarios.
Después de la experiencia americana, regresaron a Pamplona, pero a los dos años, se marcharon de nuevo; esta vez a Tours, Francia. Al cabo de tres años volvieron a la capital navarra: tenían ya 5 hijos.
Inés ha sido la jefa del Servicio de Microbiología del Hospital de Navarra durante 25 años. Ramón ha sido también el jefe del Servicio de Microbiología durante 30 años, pero de la Clínica de la Universidad de Navarra. De Estados Unidos se trajeron la idea de que no es bueno que un matrimonio trabaje en el mismo sitio.
Con los años la familia aumentó y tuvieron 10 hijos y, ahora, 5 nietos.
Ramón fue experto de la OMS en brucelosis, conocida también como la fiebre de Malta, enfermedad que prácticamente ha desparecido gracias, en parte, a las investigaciones de este médico oriundo de Cáceres.
Para Inés la jubilación supuso una liberación. Por fin podía dedicar más tiempo a su familia y a su casa y comer con su marido: ésa era su máxima “ambición”.

Pero la vida está llena de sorpresas y la última les sobrevino en forma de “África”, continente no explorado antes por este matrimonio viajero y acostumbrado a bregar con las dificultades que supone conciliar trabajo y familia –y una familia numerosa- fuera de su país y con otro idioma como herramienta de comunicación.
El Hospital Monkole, obra corporativa del Opus Dei en Kinshasa, República Democrática de Congo, tiene en sus manos un proyecto inteligente: pedir a médicos jubilados que se trasladen a vivir allí para aportar desde su experiencia profesional a ese complejo hospitalario, verdadero pulmón sanitario en uno de los países más deprimidos de África, donde en casi ningún lugar hay agua corriente, ni electricidad. Actualmente faltan médicos que puedan atender los laboratorios. Y cuando aquí se habla de medicina nuclear, allí tienen pendiente introducir lo más rudimentario de la asepsia médica.
Inés y Ramón estuvieron en Monkole 15 días, justo antes de Navidad y ahora estudian cómo organizar un laboratorio en condiciones, buscar ayudas económicas públicas y privadas y, cuando esté todo resuelto trasladarse a vivir allí.
Están convencidos de que, para esta nueva etapa de su vida, no les faltará la ayuda de san Josemaría; no en vano se casaron un 26 de junio, el día que, años después, en 2002, la Iglesia fijó como fecha de la celebración de su fiesta.

Promovido por la entidad sin ánimo de lucro Centro Congolés para la Cultura, la Formación y el Desarrollo (CECFOR absl.), está situado en la Mancomunidad de Mont-Ngafula, una zona semi-urbana al suroeste de Kinshasa con una población sin apenas ingresos, estimada en 220.000 habitantes.
Ver un testimonio sobre Monkole.
Video sobre Monkole.
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