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Ha muerto el Papa

2 de abril de 2005

Etiquetas: Iglesia, Juan Pablo II, Papa
El Santo Padre ha fallecido el 2 de abril a las 21,37 en su apartamento privado. A las 20, en la habitación del Santo Padre, inició la celebración de la Santa Misa de la fiesta de la Divina Misericordia, presidida por el arzobispo Stanislaw Dziwisz, con la participación del cardenal Marian Jaworski, del arzobispo Stanislaw Rilko y de monseñor Mieczyslaw Mokrzycki. Durante la Santa Misa, se administró a Juan Pablo II el Santo Viático y, de nuevo, el Sacramento de la Unción de los Enfermos.

Las últimas horas del Santo Padre se caracterizaron por la ininterrumpida oración de todos los que le asistían en el pío tránsito y la profunda participación en la plegaria de los miles de fieles reunidos desde muchas horas antes en la plaza de San Pedro.

Está previsto que el traslado del cuerpo del difunto pontífice a la basílica vaticana no tenga lugar antes del lunes, 4 de abril, por la tarde.

El 18 de abril ha sido la fecha fijada para el inicio del cónclave, reunión de cardenales que elegirá al Sumo Pontífice. Por la mañana se celebrará la misa votiva «pro eligendo Papa» en la Basílica vaticana y, a primera hora de la tarde, los cardenales entrarán en la Capilla Sixtina, donde tendrá lugar el cónclave.

San Josemaría Escrivá de Balaguer vivió intensamente el tiempo previo a la elección de un nuevo Papa en 1958 y en 1963.

“En esas dos temporadas de Sede Vacante nos alentó –cuenta Mons. Javier Echevarría- a que, además de ofrecer sufragios llenos de piedad filial por el alma del Romano Pontífice difunto, pidiéramos con insistencia por el Sucesor, esforzándonos por amarle ya, decididos a ver en él al "dolce Cristo in terra", al Padre común, a Pedro. No se limitó a darnos estos consejos una o varias veces durante esos días; nos los repetía machaconamente y nos ayudaba a transformar todas nuestras tareas en oración, ofreciéndolas por el futuro Papa, que el Señor quisiese poner al frente de su Iglesia.

Recuerdo su emoción y su fe cuando tuvo conocimiento de la "fumata bianca". Desde ese momento empezó a repetir con intensidad el oremus pro beatissimo Papa nostro, sin saber quién era: le amaba ya con completa devoción, al mismo tiempo que rezaba para que cumpliese con santidad y eficacísimamente su Pontificado.

Nos confiaba que, como hijo, quería participar ya en la carga que el Señor había puesto sobre la persona elegida: deseaba ayudarle con todas sus fuerzas y, por lo tanto, comenzaba con una oración ininterrumpida. En más de una ocasión, en aquellos largos momentos de espera, exclamaba: “le quiero ya con toda mi alma, sea quien sea”.

Mons. Javier Echevarría, “Memoria del Beato Josemaría”