Documentación
Relatos biográficos
Heredó de los franceses su pasión por la libertad
Entrevista a François Gondrand

François Gondrand
Al escribir la biografía, usted recorrió las sucesivas etapas de la vida del fundador del Opus Dei y la relación de cada una de ellas con su mensaje, para encuadrarlo en su justo contexto, tanto histórico como teológico. ¿Qué lo motivó a escribir el libro?
El día 26 de junio por la noche, mientras estaba de viaje en una ciudad de Bretaña, me enteré del fallecimiento de Josemaría Escrivá. Se me ocurrieron enseguida dos ideas. La primera: estará en el Cielo. La segunda: ¡qué de prisa se nos ha ido! Más tarde, al leer una carta que don Álvaro del Portillo envió a todos los miembros de la Obra contando cómo había ocurrido el fallecimiento del Padre, me enteré que se escribirían pronto perfiles biográficos. Pensé que sería bonito que el primer libro fuera escrito por un francés.
El Fundador del Opus Dei, que tenía un corazón muy grande, había manifestado de un modo particular, su amor a Francia. Me había dicho que tenía un cuarto de sangre francesa por un abuelo suyo. Luego me dijo que probablemente había heredado de sus antepasados franceses su pasión por la libertad. Yo sabía, además, que París era una de las dos ciudades a las que había querido extender la labor apostólica el Opus Dei ya en 1935-1936, y que la guerra civil española y la Segunda Guerra mundial se lo habían impedido. Pues, como «amor con amor se paga» –lo solía decir Josemaría, recogiendo unas palabras de Teresita de Jesús–, un modo de responder a este cariño, y a las muestras de afecto que me había manifestado el Fundador, en París y en Roma, podía ser escribir pronto su vida en francés, idioma que él había hablado hasta los doce años – como él me lo dijo una vez–.
Escribí a don Álvaro, entonces Secretario General de la Obra, y le propuse la idea de un libro en francés. Si no encuentra otro, dije, aquí estoy para escribirlo. Me contestó que sí a vuelta de correo. Empecé enseguida.

Primera biografía en francés
¿En qué fuentes se ha basado?
Primero fui a Madrid, para hacer copias de documentos que se habían recogido en vista a la apertura del proceso de beatificación y de canonización. Hablé con varios expertos. Vi calles y casas y monumentos de la capital de España que Josemaría había visto, y que significaban algo en su vida y en la fundación del Opus Dei. De allí hice un viaje a Barbastro, Logroño y Zaragoza, tratando de impregnarme del ambiente de las calles y de los paisajes en los que había vivido su infancia. Para mí, eso era indispensable. Era como buscar los planes antes de empezar el rodaje de una película. Luego me puse a redactar estas 352 páginas.
¿Establecería alguna relación entre el ambiente histórico y político de la historia de la España de los años 30-50 y el desarrollo del Opus Dei?
Sí y no. La fundación del Opus Dei no ha sido como la caída de un meteorito en la tierra. Fue ciertamente el fruto de una inspiración de Dios en un alma orante, preparada por la purificación voluntaria e involuntaria (los sufrimientos familiares). Un alma que buscaba cómo responder a una llamada de años, a la vez exigente y no del todo precisa hasta ese 2 de octubre de 1928. Pero al mismo tiempo, esta semilla caía en una tierra concreta: la personalidad, la cultura de un sacerdote de 26 años, inmerso en una época concreta, el final de los años veinte en España. Pero lo que no se puede decir es que Josemaría Escrivá estaba buscando un remedio para salir de la crisis moral y política de esa época. Me consta, al estudiar su vida y sus escritos. Dijo exactamente lo contrario en los mismos años treinta. Escribió –en documentos que se pueden llamar fundacionales– que la Obra de Dios no había sido inventada por alguien para solucionar los problemas de un país determinado en una época determinada; que había sido querida por Dios, inspirada «a un instrumento inepto y sordo» —que era él— para recordar a los hombres, hasta el fin de los tiempos que todos habían sido llamados a la santidad... de donde salen las consecuencias que, entre otras, son la formación y el apostolado específico del Opus Dei.
¿Cuál cree que sea la aportación del fundador del Opus Dei en la vida de la Iglesia?
Un mensaje positivo que fecunda y dinamiza todo el cuerpo de la Iglesia, ya sea uno del Opus Dei o no. Un periodista me dijo que, desde su canonización, san Josemaría no nos pertenecía, pues pertenecía ya a toda la Iglesia. ¡Y tenía razón! Creo además, que Pablo VI dijo una cosa parecida a don Álvaro del Portillo cuando lo recibió por primera vez después de su elección como presidente general del Opus Dei; es decir, al recibirlo como sucesor de Josemaría Escrivá. El mensaje de la llamada universal a la santidad y al apostolado, ya presentes obviamente en el Evangelio, que han sido proclamados con fuerza por el último Concilio Ecuménico.
Usted conoció personalmente al fundador del Opus Dei. ¿Qué nos puede decir de su personalidad? ¿Qué es lo que hace decir: he conocido a una persona santa?

François Gondrand y don Léonardon con San Josemaría en 1960, en Paris
Pero, aún sin haber vivido estos momentos, creo que la fecundidad de la vida del fundador del Opus Dei, basada en la oración y en el sacrificio, la profundidad y la sinceridad de sus escritos, bastan para hablar de él como un santo.
Usted ha vivido los inicios del Opus Dei en Francia ¿Cómo fueron los comienzos? ¿Cómo se entendía el mensaje de la santificación en medio del mundo, en el trabajo profesional?
No conocí los verdaderos principios. Sé que los años que vivieron los primeros que llegaron a París fueron duros y, a la vez, llenos de esperanza, trabajaron mucho para que surgieran las primeras vocaciones. Tenían que aprender francés, algunos cursar sus estudios universitarios, y ganarse la vida todos. Algunos de ellos todavía viven en Francia, y a veces lo cuentan.

Ya en los años 30 san Josemaría había proyectado una residencia de estudiantes cerca del río Sena
Probablemente algunos se extrañaban que el Fundador no hubiera nacido aquí sino en España, a pesar de su antigua y larga tradición de espiritualidad. Eso provocó comentarios poco amenos en la prensa, ya que el régimen político de España aparecía entonces como anacrónico en el contexto de la Europa occidental. Pero no creo que eso influyera demasiado en los franceses que conocieron a los primeros miembros de la Obra, porque ante todo, veían como vivían su fe y su ideal apostólico, con mucha naturalidad y buen humor (un legado del fundador). Eso nos atraía más que cien discursos. Pero claro, había que lanzarse, y eso era otra cosa...
Con el paso de los años, ¿cuál puede decir que ha sido la influencia del mensaje de San Josemaría en Francia?
Me parece que fue a partir de su beatificación y de su canonización cuando, gracias a comentarios de prensa, muchos cayeron en la cuenta de que este nuevo modo de actuar en el mundo como fiel católico corriente, podía renovar el apostolado de los laicos, en la línea de lo que Vaticano II había preconizado. La potente llamada a la evangelización de Juan Pablo II favoreció sin duda esta toma de conciencia.
¿Cómo resumiría el papel de los laicos en la Iglesia y en la sociedad?
Ser savia, ser levadura, y no imponer la fe desde arriba, sino obrando dentro de la sociedad a todos los niveles, tal es el mensaje actual del Papa y de los obispos. Tal era también el mensaje del fundador del Opus Dei que, por otra parte, no hacía más que revivir el espíritu del Evangelio, el que los primeros cristianos vivieron con tanta intensidad.
Estancias de San Josemaría en Francia
Relación de contenidos
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