Documentación
Artículos y Estudios
Escrivá fue un precursor del concilio
Karl Lehmann
"Muchas de las declaraciones del concilio sobre la vocación a la santidad y al apostolado en la Iglesia y en el mundo secular tienen sus raíces en el mensaje de san Josemaría”, subrayó el cardenal Lehmann, presidente de la conferencia episcopal alemana y obispo de Maguncia durante una conferencia que pronunció, en el museo Martin Gropius en Berlín en noviembre de 2002.
El cardenal dijo no ser consciente de ningún otro caso en que la confianza, la responsabilidad y la libertad hayan sidos propuestos como elementos característicos de la espiritualidad laical en el sentido en que la entendió y la predicó san Josemaría.
Lehmann reiteró explícitamente en su conferencia algunas ideas del cardenal Friedrich Wetter, quien una semana antes, durante una misa solemne en la catedral de Munich, había dicho que junto a los movimientos litúrgico, bíblico y ecuménico, Escrivá había sido, sobre todo, con su aportación a la doctrina de la vocación universal a la santidad, el precursor de una de las declaraciones más importantes y al mismo tiempo menos conocidas del concilio.
En la conferencia, a la que acudió numeroso público, estaba presente el vicario regional de la prelatura del Opus Dei en Alemania, monseñor Christoph Bockamp. Con respecto a los fieles del Opus Dei, Lehmann comentó, con palabras de Josemaría Escrivá, que se trata de “personas corrientes que ejercen un trabajo profesional y viven en el mundo como lo que son: ciudadanos cristianos que quieren corresponder plenamente a los requerimientos de la fe”.
Según el cardenal, para entender cómo el fundador del Opus Dei consiguió atraer a tantas personas en relativamente poco tiempo es necesario considerar que muchos hombres y mujeres buscaban un camino de santidad en medio del mundo y no podían encontrarlo en los caminos tradicionales. “Después de mil quinientos años durante los que el ideal prevalente había sido el de la vida consagrada, el Opus Dei retoma el modo de vivir la fe de los primeros cristianos”. San Josemaría habló sin tapujos de un “materialismo cristiano”. “Cuando se pone amor en las cosas pequeñas de cada día, es posible ver la huella de Dios en lo cotidiano. Ese es su programa”, resaltó el obispo de Maguncia.
El cardenal continuó diciendo que el nuevo santo era consciente de que los laicos no están llamados a retirarse del mundo, sino a configurarlo responsablemente según los desiginios del Creador. Él no ha tratado de ganar en primer lugar a los poderosos, sino sobre todo a “hombres y mujeres dispuestos a comprometerse y a cambiar las cosas, empezando por cambiar ellos mismos”. Para eso, la vida ordinaria ha de tener sus raíces en la contemplación: “Escrivá repitió una y otra vez que el arma del Opus Dei no es el trabajo, sino la oración”, reiteró el cardenal.
El cardenal concluyó constatando que no se puede ahogar el reto espiritual que constituye el Opus Dei en discusiones sobre su inculturación en nuestra sociedad. “Hoy por hoy, la Iglesia no se puede permitir el lujo de despreciar carismas que han nacido y florecido en su seno”. El presidente de la conferencia episcopal expresó la alegría que le produce constatar que en la Iglesia hay tantos tesoros espirituales con un perfil propio en las órdenes religiosas, en los institutos seculares y “de modo peculiar y único en el Opus Dei”, por lo que cada uno puede elegir libremente el camino en el que se vea mejor representado. Lehmann señaló, al referirse a la espiritualidad laical de Escrivá, que la Iglesia tiene el deber de capacitar a los laicos para que sean auténticos testigos del evangelio en las actividades ordinarias de cada día, ya que la Iglesia instuticionalizada no llega ya a todos los rincones de la sociedad. “Esa cristiana mentalidad laical”, concluyó el cardenal, citando una homilía de San Josemaría del año 1967, “os permitirá huir de toda intolerancia, de todo fanatismo”.
Extracto del artículo de Bern Kreulels publicado en Katholische Kirchenzeitung, Berlín (Alemania), 1 de diciembre de 2002

Lehmann reiteró explícitamente en su conferencia algunas ideas del cardenal Friedrich Wetter, quien una semana antes, durante una misa solemne en la catedral de Munich, había dicho que junto a los movimientos litúrgico, bíblico y ecuménico, Escrivá había sido, sobre todo, con su aportación a la doctrina de la vocación universal a la santidad, el precursor de una de las declaraciones más importantes y al mismo tiempo menos conocidas del concilio.
En la conferencia, a la que acudió numeroso público, estaba presente el vicario regional de la prelatura del Opus Dei en Alemania, monseñor Christoph Bockamp. Con respecto a los fieles del Opus Dei, Lehmann comentó, con palabras de Josemaría Escrivá, que se trata de “personas corrientes que ejercen un trabajo profesional y viven en el mundo como lo que son: ciudadanos cristianos que quieren corresponder plenamente a los requerimientos de la fe”.
Según el cardenal, para entender cómo el fundador del Opus Dei consiguió atraer a tantas personas en relativamente poco tiempo es necesario considerar que muchos hombres y mujeres buscaban un camino de santidad en medio del mundo y no podían encontrarlo en los caminos tradicionales. “Después de mil quinientos años durante los que el ideal prevalente había sido el de la vida consagrada, el Opus Dei retoma el modo de vivir la fe de los primeros cristianos”. San Josemaría habló sin tapujos de un “materialismo cristiano”. “Cuando se pone amor en las cosas pequeñas de cada día, es posible ver la huella de Dios en lo cotidiano. Ese es su programa”, resaltó el obispo de Maguncia.
El cardenal continuó diciendo que el nuevo santo era consciente de que los laicos no están llamados a retirarse del mundo, sino a configurarlo responsablemente según los desiginios del Creador. Él no ha tratado de ganar en primer lugar a los poderosos, sino sobre todo a “hombres y mujeres dispuestos a comprometerse y a cambiar las cosas, empezando por cambiar ellos mismos”. Para eso, la vida ordinaria ha de tener sus raíces en la contemplación: “Escrivá repitió una y otra vez que el arma del Opus Dei no es el trabajo, sino la oración”, reiteró el cardenal.
El cardenal concluyó constatando que no se puede ahogar el reto espiritual que constituye el Opus Dei en discusiones sobre su inculturación en nuestra sociedad. “Hoy por hoy, la Iglesia no se puede permitir el lujo de despreciar carismas que han nacido y florecido en su seno”. El presidente de la conferencia episcopal expresó la alegría que le produce constatar que en la Iglesia hay tantos tesoros espirituales con un perfil propio en las órdenes religiosas, en los institutos seculares y “de modo peculiar y único en el Opus Dei”, por lo que cada uno puede elegir libremente el camino en el que se vea mejor representado. Lehmann señaló, al referirse a la espiritualidad laical de Escrivá, que la Iglesia tiene el deber de capacitar a los laicos para que sean auténticos testigos del evangelio en las actividades ordinarias de cada día, ya que la Iglesia instuticionalizada no llega ya a todos los rincones de la sociedad. “Esa cristiana mentalidad laical”, concluyó el cardenal, citando una homilía de San Josemaría del año 1967, “os permitirá huir de toda intolerancia, de todo fanatismo”.
Extracto del artículo de Bern Kreulels publicado en Katholische Kirchenzeitung, Berlín (Alemania), 1 de diciembre de 2002
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