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El tiempo burgalés de San Josemaría Escrivá

Adelaida Sagarra Gamazo

Etiquetas: Guerra civil, Historia, Burgos
"Jesús bendiga a mis hijos y me los guarde"

Con estas palabras empieza Josemaría Escrivá la primera carta circular que escribe desde Burgos, el 9 de enero de 1938 -cumple 36 años- al día siguiente de llegar, hace ahora 70 años. Agotado, con lo puesto, sin otros medios que la fe, la esperanza y la caridad, viene de atravesar a pie los Pirineos para que ni la guerra, ni la dispersión, ni la muerte, ni la pobreza ni el sufrimiento ralenticen los planes de Dios. Ha salido de Madrid donde deja a sus hijos, sus amigos, su madre y sus hermanos porque necesita libertad de acción para comunicar a todos lo que Dios quiere de cada uno: la santificación del trabajo en medio del mundo. Urge la voluntad divina y ¿qué es una cordillera?. Sin ropa, sin comida, sin fuerzas llegan a Andorra; van a Lourdes; cruzan la frontera. De Pamplona a Burgos.

Aquí, una pensión en Santa Clara 59 y «la sopa a hora fija». Empieza lo que sus biógrafos llaman «La época de Burgos» (8-1-1938 a 27-111-1939) sin un céntimo pero con tres convicciones: que el Cielo está empeñado en que el Opus Dei se realice; que cuenta con la protección de Santa María -le hizo encontrar una Rosa de madera en Rialp, que trae consigo- y que la unión con sus hijos garantiza futuro. Algunos -José Mª Albareda, Paco Botella y Pedro Casciaro- con idas y venidas viven aquí; el resto, lejos y/o en los frentes, y la única mujer -Lola Fisac- en Daimiel. Dispersos pero unidos. El 6 de febrero escribe «necesito 50 hombres que amen a Jesucristo sobre todas las cosas». No espera sentado: trabaja, vive, no para de buscar almas; no puede dejar de hacerlo porque es un sacerdote cien por cien. Trato con los chicos que vienen a verle, sacerdotes, obispos.

El 19 de enero de 1938 se define como «viajante de mi señor Jesucristo». Son viajes que pueden describirse geográficamente -Vitoria, Zaragoza, Cascante, Valladolid, Teruel, Carabanchel alto- o por los nombres de las personas a las que va a ver: Xavier, Juan, Ricardo, Miguel... Tampoco olvida la luz recibida el 14 de febrero de 1930 -mujeres en el Opus Dei- e imparte clases de formación cristiana en Burgos a un grupo de seis o siete chicas. Por encima de otras preocupaciones -lógicas- el Opus Dei ocupa su corazón, su inteligencia, su libertad, sus planes; por delante del horror de la contienda, la siembra de paz y alegría.

Quizá por eso, un 27 de marzo de frío terrible se niega a utilizar la única camiseta, familiarmente llamada de «Sigfrido», que comparten José Mª, Paco y Pedro; quizá por eso algunos días no duerme, o come solo una tortilla de la cantina de la estación o unos cacahuetes; quizá por eso -¡cómo complica el amor!- reza cuanto puede, se gasta como sabe, va y vuelve, se anticipa al encuentro de quien le necesita, recorre trincheras, se va a Córdoba sin saber si tiene dinero para volver, vela y escribe a sus hijos, a sus amigos, a los jóvenes conocidos de Madrid cartas personales y una circular mensual, Noticias, impresa a velógrafo.

El 29 de marzo se trasladan al Hotel Sabadell, frente al Arlanzón, junto ala Merced. Una habitación compartida con sus hijos, decorada con mapas... ¡algún día irán a todas partes! A veces, cuando las almas vienen buscando claridad, fortaleza, y perdón se encierra en el pequeño mirador a conversar a solas. Escribe Casciaro: «teníamos que encender la luz, aunque fuera pleno día. Cada vez que sucedía esto, Paco me decía por lo bajo ¡Buenas noches!». El 25 de septiembre se pone a tiro de la voluntad de Dios en unos Ejercicios Espirituales en Silos.

En octubre llegan a Burgos Alvaro del Portillo -que será su primer sucesor desde 1975- Vicente y Eduardo. Además de los ratos de mirador, San Josemaría pasea con los chicos por las orillas del río. De uno de aquellos paseos surge el punto 811 de Camino; después de recorrer con Alvaro el Espoloncillo escribe «¿Te acuerdas? Hacíamos tú y yo nuestra oración, cuando caía la tarde. Cerca se escuchaba el rumor del agua. Y en la quietud de la ciudad castellana oíamos también voces distintas, que hablaban en cien lenguas, gritándonos angustiosamente que aún no conocen a Cristo. Besaste el Crucifijo sin recatarte y le pediste ser apóstol de apóstoles».

Pienso que la vida de Josemaría Escrivá tiene dos músicas: las campanas de Nuestra Señora de los Ángeles en Madrid, el 2 de octubre del 28, la de la vocación; el rumor del Arlanzón, la del apostolado. Nunca dejaron de sonar. En Burgos trató de conseguir gramáticas inglesas; Alvaro quería estudiar japonés: cruzar fronteras, asimilar culturas diferentes, gritar a todos los hombres que son amados sin condiciones y llamados por Dios a santificar su trabajo normal y corriente en aquellas cien lenguas y muchas otras.

Las almas, la expansión del Opus Dei norte-sur-este-oeste apremian tanto como la escasez de medios: tienen que dejar el pequeño Hotel y trasladarse a Concepción 9 en diciembre; allí termina Camino «se acabó de escribir este libro en Burgos, día de la Purificación de la Bienaventurada Virgen María» 2 de febrero de 1939. El 27 de marzo sale hacia Madrid donde entra el 28: es uno de los primeros sacerdotes en poder regresar. Su casa esta en ruinas; el Opus Dei en pie.

También en marzo, antes de entrar en la capital, Josemaría Escrivá estuvo en Boecillo celebrando una Misa por Jacinto Valentín-Gamazo -muerto en el frente- en la capilla de la casa de un tío suyo, José Mª Gamazo. Sin duda pidió vocaciones en el hogar de aquella familia numerosa que luego lo fue más. 41 años después de aquella Misa, yo aparecí en un centro de la Obra en Valladolid. Antes de tres meses había añadido el Dei al Opus y hasta hoy: José Mª Gamazo era mi Abuelo, y su casa, la mía. Todavía me sobrecoge constatar que soy el presente y el futuro de aquella oración de San Josemaría en 1939.

Amigos lectores, cuento esto para releáis todo lo anterior con esta perspectiva: no son cosas preciosas pero pretéritas que pasaron como el agua del río, que ya nunca vuelve. La raigambre no es pasado sino sustento: por más que haya metros de distancia la copa del árbol necesita la raíz. Y así ¿cuántos de nosotros somos presente y futuro de la vida y generosidad «burgalesas» de Josemaría Escrivá? Quizá algunos lo sabemos, quizá otros tendréis que descubrirlo. Para todos transcribo el punto 255 de Camino: «Quieres que te diga todo lo que pienso de tu camino? Pues mira: que si correspondes a la llamada, trabajarás por Cristo como el que más: que si te haces hombre de oración, tendrás la correspondencia de que hablo antes y buscarás, con hambre de sacrificio los trabajos más duros... Y serás feliz aquí y felicísimo luego, en la Vida». Estas palabras se escribieron aquí, el 21 de enero de 1938. Hoy todos somos Joaquín, el estudiante de Ingeniería al que iba dirigida la carta; escribir la respuesta corresponde a cada uno.


Adelaida Sagarra Gamazo es Prof. Titular de Historia de América de la Universidad de Burgos. Miembro del Comité Científico de la Revista Studia et Documenta del Instituto Histórico San Josemaría Escrivá


Diario de Burgos, 8 de Enero de 2008