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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

El seminario de Logroño

Etiquetas: Estudio, Catequesis
Desde octubre de 1918 fue alumno externo del Seminario. Además, estudiaba en casa con un profesor particular, Manuel Sanmartín. En el curso 1919–1920 terminó primero en Teología. Obtuvo la calificación de meritissimus en todas las asignaturas, menos en una, en la que fue benemeritus.

Un condiscípulo, don Manuel Calderón, declara que era buen estudiante, y mostraba tener una gran cultura general: “pulcro, elegante, de finos modales, parecía que venía de casa principal”. Otro compañero, don Amadeo Blanco, recuerda con precisión su chaqueta azul, con cuello alto y lazo; sin embargo, lo que más le llamaba la atención era su sonrisa, su carácter agradable, amable, risueño. Algo semejante apreció don Máximo Rubio: era bien educado, cuidadoso en el vestir y cuidadoso en los modales al tratar a los demás; buen estudiante, serio, aunque –a su juicio– con un carácter más bien reservado: “hablaba lo justo y era muy observador y piadoso”. Sin embargo, don Pedro Baldomero Larios –hijo de un encuadernador muy amigo del padre de Josemaría– lo veía “simpático, comunicativo, alegre y muy agradable. A mí me impresionaba mucho, porque le consideraba como de gran talento”.

Don Pedro Baldomero Larios era alumno externo del Seminario, de cursos inferiores a don Máximo y a don José María Millán, ya fallecido, que, al parecer, fue en aquellos años el más amigo del futuro Fundador del Opus Dei. Su vida discurría entre la familia y las clases, y poco más. Se reunían de vez en cuando en casa de los Larios, o de los Escrivá o en la de los Rubio. En ocasiones paseaban hacia Lardero –entonces les parecía camino lejano–, o iban al río a coger cangrejos.

Larios –quizá por ser más joven– no aporta nada digno de especial mención en cuanto a la vida de piedad: “solíamos ir diariamente –aunque éramos externos– a Misa al Seminario. Después íbamos a desayunar a nuestras casas y luego a clase”. Es Máximo Rubio quien corrobora que Josemaría, durante una temporada, acudió mucho y pasó ratos largos en el convento de los Carmelitas. Máximo Rubio alude también a la inquietud apostólica de Josemaría: en las conversaciones que tenían al salir de las clases, les hacía pensar en la labor que se podría realizar con los alumnos del Instituto, y les manifestaba su pena por la falta de espíritu cristiano que se notaba en aquella juventud.

En el Seminario había una catequesis, muy numerosa, que llevaban los internos. No parece que los alumnos externos ayudasen mucho en el catecismo, porque a don Amadeo Blanco –interno– se le quedó grabada la presencia de Josemaría: todos los domingos, sin tener obligación, iba allí –la catequesis se hacía en la propia iglesia del Seminario–, y se ponía a disposición “para lo que le mandasen”.

Josemaría estuvo poco tiempo como alumno externo del Seminario de Logroño. Pronto, en septiembre de 1920, se trasladó a Zaragoza, para seguir los estudios de Teología en la Universidad Pontificia de San Valero y San Braulio.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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