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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

El inicio de la Sección femenina del Opus Dei

Etiquetas: Opus Dei
Éste es el modo divino de hacer las cosas –escribiría lleno de agradecimiento en 1961–: una primero y otra después, guiando los pasos, utilizando causas segundas, mediaciones humanas. Mirad lo que nos cuentan los Hechos de los Apóstoles, al narrar la conversión de Saulo. Después de que el Señor lo ha herido con su gracia, él dice: Domine, quid me vis facere? Señor, ¿qué quieres que haga? Y oye la respuesta divina: surge et ingredere in civitatem et ibi dicetur tibi quid te oporteat facere (Act. IX, 6); levántate, entra en la ciudad, y allí te dirán lo que conviene que hagas. ¿Veis?, una gracia primero, un encargo después: con una divina selección de tiempos, de modos y de circunstancias. Así ha ido el Señor haciendo su Obra: primero una Sección, después otra, y después –nuevo don– los sacerdotes. Y en cada aspecto de nuestro camino, en cada frente que había que ganar en esta hermosa guerra de paz, el Señor me ha tratado siempre así: primero esto, después aquello. Por eso, os repito, agradeced conmigo esta continua providencia amorosa que nuestro Padre Dios ha manifestado.
La consideración de esta bondad del Señor me mueve a contrición, por cuanto yo no haya sabido corresponder a tan grande misericordia. Y porque, a lo largo de este caminar, he hecho padecer a otros, por mis errores –no sé soportar sin protesta y sin lágrimas la injusticia: venga de donde venga y se haga a quien se haga–, por mis errores, digo, y porque Dios Nuestro Señor tenía que prepararme: parece que daba una en el clavo y ciento en la herradura..., quizá porque me dolía más el dolor de los otros.


Desde el 14 de febrero de 1930, Mons. Escrivá de Balaguer se puso a trabajar, para iniciar la Sección femenina del Opus Dei. Su labor fue más lenta, porque, por delicadeza y prudencia, no podía tener con las mujeres que se sintieron atraídas por el mensaje de la Obra, la relación constante y continua que tenía con los varones (y así sería siempre: en concreto, jamás vivió en un Centro de la Sección de mujeres).

De otra parte, en aquellos años, las chicas jóvenes –en las que más fácilmente podía prender este nuevo espíritu– tenían poquísima libertad. Se veían obligadas a dar a sus padres todo tipo de explicaciones: dónde iban, con quién, a qué, cuándo volverían... Y entonces, jurídicamente, la Obra no era nada: atravesaba los momentos delicados del comienzo de la gestación.

En 1930, como vimos, don Josemaría era capellán en las Damas Apostólicas. A sus comedores de caridad, a sus roperos, a sus visitas de enfermos, iban, con afán apostólico, muchas chicas jóvenes de Madrid. Pero no consta que allí el Fundador hablara de la Obra. Conociéndole un poco, resulta lógico que fuera así: por respeto a esa Congregación, cuyas vocaciones surgían ordinariamente de aquellas chicas; y porque, si tenían vocación religiosa, no podían tenerla para la Obra que Dios le pedía, que era de trabajo civil, profesional, en medio de la sociedad.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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