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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
El inicio de la Sección femenina del Opus Dei

La consideración de esta bondad del Señor me mueve a contrición, por cuanto yo no haya sabido corresponder a tan grande misericordia. Y porque, a lo largo de este caminar, he hecho padecer a otros, por mis errores –no sé soportar sin protesta y sin lágrimas la injusticia: venga de donde venga y se haga a quien se haga–, por mis errores, digo, y porque Dios Nuestro Señor tenía que prepararme: parece que daba una en el clavo y ciento en la herradura..., quizá porque me dolía más el dolor de los otros.
Desde el 14 de febrero de 1930, Mons. Escrivá de Balaguer se puso a trabajar, para iniciar la Sección femenina del Opus Dei. Su labor fue más lenta, porque, por delicadeza y prudencia, no podía tener con las mujeres que se sintieron atraídas por el mensaje de la Obra, la relación constante y continua que tenía con los varones (y así sería siempre: en concreto, jamás vivió en un Centro de la Sección de mujeres).
De otra parte, en aquellos años, las chicas jóvenes –en las que más fácilmente podía prender este nuevo espíritu– tenían poquísima libertad. Se veían obligadas a dar a sus padres todo tipo de explicaciones: dónde iban, con quién, a qué, cuándo volverían... Y entonces, jurídicamente, la Obra no era nada: atravesaba los momentos delicados del comienzo de la gestación.
En 1930, como vimos, don Josemaría era capellán en las Damas Apostólicas. A sus comedores de caridad, a sus roperos, a sus visitas de enfermos, iban, con afán apostólico, muchas chicas jóvenes de Madrid. Pero no consta que allí el Fundador hablara de la Obra. Conociéndole un poco, resulta lógico que fuera así: por respeto a esa Congregación, cuyas vocaciones surgían ordinariamente de aquellas chicas; y porque, si tenían vocación religiosa, no podían tenerla para la Obra que Dios le pedía, que era de trabajo civil, profesional, en medio de la sociedad.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Clases en la Academia Cicuéndez
- Capellán de las las Damas Apostólicas
- Millares de horas confesando niños
- Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel
- Los enfermos más desamparados
- Don José María Somoano
- Todo lo tenía que hacer el Padre
- Trabajar con una sonrisa
- ¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud!
- Las pupilas que ha dilatado el amor
- Dios creó al hombre para trabajar
- El trabajo es enfermedad incurable para los del Opus Dei
- La santificación del trabajo
- Amar el propio trabajo profesional
- El ejemplo de Jesús en Nazareth
- La santidad no es cosa para privilegiados
- Como los primeros Cristianos
- Una verdadera mentalidad laical
- La materia prima
- Mujeres del Opus Dei
- 14 de febrero de 1930
- Dos borriquillos que tiran del mismo carro
- El inicio de la Sección femenina del Opus Dei
- María Ignacia García Escobar, la primera mujer del Opus Dei
- El cimiento del Opus Dei
- En la calle de Jorge Manrique
- La fundación del Opus Dei: hombres y mujeres
- La fundación del Opus Dei: La sociedad sacerdotal de la Santa Cruz
- Todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración
- El 14 de febrero de 1943
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