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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Clases en la Academia Cicuéndez

Etiquetas: Juventud, Sacerdocio, Solidaridad
José Manuel Sanchiz Graneró, abogado hoy en Madrid, fue alumno de la Academia el curso 1927-28. Las clases de don Josemaría eran amenas y las seguían con interés. Siempre estaba de buen humor. A veces, al terminar, se quedaban comentando con él temas diversos. De aquellas conversaciones se le grabó la respuesta que dio a uno que le había dicho que no podía creer, mientras hubiera sacerdotes que llevasen una doble vida; el Fundador del Opus Dei le contestó que el sacerdocio era semejante a un valiosísimo licor, que podía estar encerrado en un valiosísimo jarrón o en un vaso vulgar.

José Manuel Sanchiz relata que, un día, otro sacerdote que daba clases en la Academia Cicuéndez descubrió a los alumnos la labor que don Josemaría hacía en los suburbios. Se comentó entre clase y clase, y hubo un grupo de alumnos que no se lo creyó, porque les parecía imposible, dado el porte distinguido y la talla intelectual de su profesor de Romano. La discusión acabó en apuesta. Algunos fueron comisionados para seguirle a la salida de clase, cosa que hicieron durante varios días, y comprobaron que, efectivamente, iba a Vallecas y a Tetuán.

Y es que, sin alardes, don Josemaría era Capellán del Patronato de Enfermos, y desplegaba una intensa activídad apostólica en todos los barrios extremos de Madrid: aunque su capellanía no le obligara a eso, se dejaba llevar por su celo sacerdotal en este apostolado con increíble entusiasmo y con un esfuerzo sobrehumano.

El Patronato de Enfermos había sido promovido por doña Luz Rodríguez Casanova, Fundadora de las Damas Apostólicas del Sagrado Corazón de Jesús, aprobadas por la Santa Sede justamente en 1927. Su casa central estaba en la calle de Santa Engracia, número 13, en un edificio inaugurado por el Rey Alfonso XIII, el 14 de julio de 1924.

De las Damas Apostólicas dependían varios apostolados, entre los que destacaban: 1) La Obra de la Preservación de la Fe en España, que fundaba escuelas en los barrios más desatendidos (en 1928 tenía 61 escuelas). 2) El Patronato de Enfermos, para asistirlos en sus domicilios, con alimento, medicinas, ropa y ayuda espiritual: el promedio anual era de cuatro mil enfermos atendidos por Damas Apostólicas y chicas que colaboraban con ellas. 3) Comedores de Caridad, para socorrer a los necesitados. Y, 4) Obra post-escolar, con escuelas nocturnas y asociaciones de jóvenes. Era también de las Damas Apostólicas la Casa Sacerdotal de la calle de Larra, en la que vivía el Fundador del Opus Dei. Y, a partir de 1929, comenzó a funcionar el Noviciado de las Damas Apostólicas en Chamartin de la Rosa.

El Director espiritual de las religiosas era el P. Rubio, S.J., sustituido al fallecer, en 1929, por el P. Valentín Sánchez Ruiz, también jesuita. El Fundador del Opus Dei era sólo Capellán de la Iglesia del Patronato, pero se imponía el trabajo de buscar –entusiasmándolos con su celo– a sacerdotes diocesanos que colaborasen en la atención espiritual de los enfermos –por los barrios más pobres de Madrid– y de los niños que iban a las escuelas. Su esfuerzo fue muy notable, como señala Asunción Muñoz, hoy en Daimiel, entonces en aquella Casa de Santa Engracia. Don Josemaría desarrollaba una tarea sacerdotal desbordante, pero sin interferir para nada en el gobierno de aquellas actividades apostólicas. Allí le conoció en 1927 Emilia Zabaleta, que se confesaba con el P. Rubio. Su hermana María Luisa acudió alguna vez a don Josemaría, cuando el P. Rubio no estaba. Les impresionó siempre su humildad, porque cuando le consultaban algún asunto que pudiera relacionarse con el Patronato como Congregación religiosa, contestaba siempre que sobre eso quien les podía orientar era el Director y no él.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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