Libros
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
El ejemplo de Jesús en Nazareth

Cuando un día, en la quietud de una iglesia madrileña, yo me sentía ¡nada! –no poca cosa, poca cosa hubiera sido aún algo–, pensaba: ¿Tú quieres, Señor, que haga toda esta maravilla? Y alzaba la Sagrada Hostia, sin distracción, a lo divino... Y allá, en el fondo del alma, entendí con un sentido nuevo, pleno, aquellas palabras de la Escritura: Et ego, si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad meipsum (loann., XII, 32). Lo entendí perfectamente.
El Señor nos decía: si vosotros me ponéis en la entraña de todas las actividades de la tierra, cumpliendo el deber de cada momento, siendo mi testimonio en lo que parece grande y en lo que parece pequeño..., entonces, omnia traham ad meipsum! ¡Mi reino entre vosotros será una realidad!
El propio Fundador explicó esta idea central en infinidad de ocasiones con palabras precisas y atrayentes. He aquí algunas, entresacadas de varias de sus respuestas a diversos periodistas, que fueron publicadas en un libro con el título conocido de Conversaciones con Mons. Escrivá de Balaguer:
El Señor suscitó el Opus Dei en 1928 para ayudar a recordar a los cristianos que, como cuenta el libro del Génesis, Dios creó al hombre para trabajar. Hemos venido a llamar de nuevo la atención sobre el ejemplo de Jesús que, durante treinta años, permaneció en Nazareth trabajando, desempeñando un oficio. En manos de Jesús el trabajo, y un trabajo profesional similar al que desarrollan millones de hombres en el mundo, se convierte en tarea divina, en labor redentora, en camino de salvación.
El espíritu del Opus Dei recoge la realidad hermosísima –olvidada durante siglos por muchos cristianos– de que cualquier trabajo digno y noble en lo humano, puede convertirse en un quehacer divino. En el servicio de Dios, no hay oficios de poca categoría: todos son de mucha importancia.
Para amar a Dios y servirle, no es necesario hacer cosas raras. A todos los hombres sin excepción, Cristo les pide que sean perfectos como su Padre celestial es perfecto (Mt., V, 48). Para la gran mayoría de los hombres, ser santo supone santificar el propio trabajo, santificarse en su trabajo, y santificar a los demás con el trabajo, y encontrar así a Dios en el camino de sus vidas.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Clases en la Academia Cicuéndez
- Capellán de las las Damas Apostólicas
- Millares de horas confesando niños
- Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel
- Los enfermos más desamparados
- Don José María Somoano
- Todo lo tenía que hacer el Padre
- Trabajar con una sonrisa
- ¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud!
- Las pupilas que ha dilatado el amor
- Dios creó al hombre para trabajar
- El trabajo es enfermedad incurable para los del Opus Dei
- La santificación del trabajo
- Amar el propio trabajo profesional
- El ejemplo de Jesús en Nazareth
- La santidad no es cosa para privilegiados
- Como los primeros Cristianos
- Una verdadera mentalidad laical
- La materia prima
- Mujeres del Opus Dei
- 14 de febrero de 1930
- Dos borriquillos que tiran del mismo carro
- El inicio de la Sección femenina del Opus Dei
- María Ignacia García Escobar, la primera mujer del Opus Dei
- El cimiento del Opus Dei
- En la calle de Jorge Manrique
- La fundación del Opus Dei: hombres y mujeres
- La fundación del Opus Dei: La sociedad sacerdotal de la Santa Cruz
- Todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración
- El 14 de febrero de 1943
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