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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

En el vagón del ferrocarril, o en algún coche desvencijado, o en el frente

Etiquetas: Amistad, Apostolado, Guerra civil, Audacia
Muchos escribían a Burgos, preguntando dónde estaría el Padre en una fecha determinada, en la que tendrían permiso. No siempre se les podía contestar con precisión. A veces había que decir: "en el vagón del ferrocarril, o en algún coche desvencijado por esas carreteras, o... en el frente".

En Burgos, al Fundador del Opus Dei le interesaban, por encima de todo, las personas: recuperar el contacto con los que participaban en las actividades apostólicas antes de la guerra, mantener su vida interior y su afán apostólico, hacer nuevos amigos. Su intenso apostolado epistolar cuajó también en una especie de carta colectiva, mediante la cual se daban a todos, noticias de todos. Esto no resultaba nuevo, porque ya mucho antes –al menos desde el verano de 1934– don Josemaría había hecho enviar este tipo de cartas de familia, llenas de vibración sobrenatural, y también de sentido del humor. Se conservan algunas de aquellas cuartillas mecanografiadas y reproducidas con un modestísimo velógrafo. En ellas se resumían brevemente las cartas que, durante el verano, iban llegando de unos y otros a la Academia DYA, para contar a los demás dónde estaban, qué hacían en el verano –deporte, arte, estudios, idiomas, actividades de ayuda a médicos rurales, preocupaciones apostólicas–, y al mismo tiempo, se les animaba a perseverar en la piedad y a mantener caldeado el afán de transmitir a otros sus ideales cristianos, con vistas al curso siguiente, para seguir “adelante..., con ¡Dios y audacia!”.

El mismo tono –aunque salpicado de anécdotas relacionadas con la guerra– tuvieron las Noticias de Burgos. Acusaban recibo con agradecimiento de las cartas que llegaban de los frentes y de los buques de la Armada, “con idéntica vibración, con preocupaciones comunes y con el mismo sobrenatural y alegre optimismo”. Daban noticia de los que habían pasado por allí, para estar un rato con el Fundador de la Obra.

En esas cartas bromas divertidas. Era tenaz la insistencia en que siguieran estudiando –sobre todo idiomas– a pesar de las dificultades: “hace más el que quiere que el que puede”. Desde Burgos animaban a que les pidieran gramáticas, diccionarios, textos para hacer traducciones. Y les hablaban de la biblioteca que iban formando, con libros que les llegaban, incluso, desde fuera de España. Habían escrito, en ese sentido, a autoridades académicas de diversos países. En una carta de 1938 se lee: “¿Sabéis que pedimos libros –y en varias lenguas– para leerlos? Parece una perogrullada, pero es que... no siempre sucede así”.

Todos los meses salía la breve y rudimentaria edición, a veces con un “perdonad el laconismo de estas cuartillas: escasea el papel”. A veces también, con la noticia de la muerte de alguno en los campos de batalla: “¡un protector más!”. O con informaciones de quienes seguían en la otra España: “es ejemplar la fe y la continuidad con que trabajan”.


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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