Libros
Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Desprendimiento y naturalidad
El Fundador del Opus Dei pasó toda su vida careciendo hasta de lo más necesario y desprendido de todo, con naturalidad y –no es paradoja– sin ostentaciones. Vicente Hernando Bocos fue un día a visitarle a la residencia de la calle Larra en Madrid, porque don Josemaría estaba con un fuerte resfriado. Su habitación era elemental, y tenía “una mesa pobre con unos libros de rezos”. Sin embargo, “el porte de don Josemaría en el vestir era elegante, limpio, correcto, de grata presencia”. Se acompasaba con el modo de ser: “Me dio la impresión de ser un sacerdote que gozaba de la vida, siempre de muy buen humor y muy sencillo. Recuerdo que ya entonces se levantó alguna calumnia contra él, que nosotros cortamos enérgicamente”.
En aquella época, en que tantas horas dedicó al Patronato de Enfermos, el Fundador del Opus Dei sufrió mucho al comprobar, un día tras otro, las condiciones miserables en que vivía –y moría– la gente humilde de Madrid. No por eso perdió de vista que el sentido cristiano del desprendimiento va más allá de la pura carencia de medios. Lo resaltaría en 1972, al responder a una pregunta que le hicieron en el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa, de Barcelona:
–El hecho de manejar dinero, o de tenerlo, no quiere decir que se esté apegado a la riqueza. Te voy a poner un ejemplo. Conocí a un pobrecito que iba a un comedor de caridad, y no tenía siquiera la tarjeta que daban a los necesitados; acudía a recibir un poquito de lo que sobraba. Era un tiempo duro para el corazón de un cristiano: ver aquella gente con verdadera hambre. Para comer, todos llevaban sus cacharros. Él traía su puchero roto. Pero sacaba su cuchara de peltre, de la hondura de un bolsillo, y la miraba con satisfacción. Los otros no tenían cuchara. Se ve que pensaba: esto es mío, esto es mío. Y con su cuchara comía los garbanzos y el caldo que le daban. Después la volvía a mirar apasionadamente, como un avaro contempla las piedras preciosas. Le daba dos chupetones, y la guardaba de nuevo. ¡Era rico!
Pues también he tenido cerca de mí a una persona, a la que he querido mucho, y que indudablemente está en el cielo. Era Grande de España. Aun después de muerta, no diré más que su nombre propio, y porque es muy corriente: se llamaba María. En su casa tenía muebles estupendos, un gran servicio y mucha plata..., todo lo que es normal en una casa bien puesta y de abolengo. Y aquella pobrina gastaba en su persona menos que la última de sus sirvientas. Lo daba todo; soy testigo de su generosidad.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.
En aquella época, en que tantas horas dedicó al Patronato de Enfermos, el Fundador del Opus Dei sufrió mucho al comprobar, un día tras otro, las condiciones miserables en que vivía –y moría– la gente humilde de Madrid. No por eso perdió de vista que el sentido cristiano del desprendimiento va más allá de la pura carencia de medios. Lo resaltaría en 1972, al responder a una pregunta que le hicieron en el Instituto de Estudios Superiores de la Empresa, de Barcelona:
–El hecho de manejar dinero, o de tenerlo, no quiere decir que se esté apegado a la riqueza. Te voy a poner un ejemplo. Conocí a un pobrecito que iba a un comedor de caridad, y no tenía siquiera la tarjeta que daban a los necesitados; acudía a recibir un poquito de lo que sobraba. Era un tiempo duro para el corazón de un cristiano: ver aquella gente con verdadera hambre. Para comer, todos llevaban sus cacharros. Él traía su puchero roto. Pero sacaba su cuchara de peltre, de la hondura de un bolsillo, y la miraba con satisfacción. Los otros no tenían cuchara. Se ve que pensaba: esto es mío, esto es mío. Y con su cuchara comía los garbanzos y el caldo que le daban. Después la volvía a mirar apasionadamente, como un avaro contempla las piedras preciosas. Le daba dos chupetones, y la guardaba de nuevo. ¡Era rico!
Pues también he tenido cerca de mí a una persona, a la que he querido mucho, y que indudablemente está en el cielo. Era Grande de España. Aun después de muerta, no diré más que su nombre propio, y porque es muy corriente: se llamaba María. En su casa tenía muebles estupendos, un gran servicio y mucha plata..., todo lo que es normal en una casa bien puesta y de abolengo. Y aquella pobrina gastaba en su persona menos que la última de sus sirvientas. Lo daba todo; soy testigo de su generosidad.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.
Relación de contenidos
- Personas de las tendencias políticas más diferentes
- El Padre comprendía de sobra todo lo que yo hubiera querido decir
- Los pasos del Opus Dei por todo el mundo
- Vivir vida de fe, de esperanza y de amor
- ¿Sabéis por qué la Obra se ha desarrollado tanto?
- Dificultades económicas
- Privaciones Continuas
- Esos muros parecen de piedra y son de amor
- VillaTevere y el Colegio Romano de la Santa Cruz
- Imitar la vida de Cristo
- La limosna de la viuda pobre
- Medios humanos y sobrenaturales
- Pobre de solemnidad
- Desprendimiento y naturalidad
- Sin la generosidad no hubiera salido adelante el Opus Dei
- Visitas a los pobres
- Suplir la falta de dinero con buen gusto
- Desprendimiento de los bienes materiales
- Pobreza en los inicios: el ejemplo de Valencia
- Pobreza: elegir lo peor para uno mismo
- Consecuencias prácticas del desprendimiento de los bienes materiales
- Una taza de loza desportillada
- Pobreza en detalles concretos
- El desprendimiento que Dios quería para el Opus Dei
- Pobreza y señorío
- El 'limpio resplandor' de un corazón pobre
- El sacrificio de Abel
- Vivir la liturgia
- Para el culto de Dios, todo el lujo, la majestad y la belleza son poco
- Riqueza en el culto: el sacrificio de Abel
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