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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Desprendimiento de los bienes materiales

“Todas estas privaciones –añade– las llevaba con alegría; debía tener muy buen humor, aunque con nosotras, por la gravedad con que se comportaba, no lo manifestase, pero oíamos cómo se reían Monseñor Lauzurica y él cuando estaban juntos”. Más adelante cuenta que a aquellos ejercicios asistió una hermana mayor suya, Juana Quiroga, también Hermana en Religión: “Ella tiene especialmente grabada la actitud de don Josemaría, que nunca se preocupaba de sí mismo; de él no. Nada más de su santidad y de la santidad de los demás”. La Hermana Ascensión se ocupaba, junto con la Hermana Elvira, de arreglar la habitación de don Josemaría, y manifiesta que nunca ha visto tanto orden, tanto cuidado en las cosas: “No se puede decir que fuese ordenado; era or–de–na–dí–si–mo”.
“Estoy segura –continúa– de que muchas noches no dormía o –al menos a nuestro parecer– no dormía en la cama. En efecto: las sábanas estaban sin arrugas y, aunque él dejaba la cama destapada, como si la hubiera usado, nosotras nos dábamos cuenta de que, si había dormido, no había sido en la cama. Creemos que se servía del duro suelo para descansar. Por otra parte, muchas noches le encontrábamos de rodillas, al pie del Sagrario, haciendo oración, hora tras hora. La Hermana Elvira recuerda que tomaba un simple dedo de café con leche diariamente como desayuno”. Y la Hermana Regina afirma que el Fundador del Opus Dei “nunca tenía nada. Viajaba con un tintero lleno de agua bendita y con la cuchilla de afeitar”.
El mismo espíritu, compatible con la dignidad externa, aparecerá también cuando se ponga en marcha la Residencia de la calle de Jenner, en 1939. Marciano Fernández López, que vivió allí, lo expresa con estas palabras: “El porte humano del Padre, del mismo modo que la instalación y ambiente de la Residencia –que era su reflejo–, eran sin lujos, pero con gran decoro, limpieza, mucho gusto en las cosas materiales, que producían una impresión muy grata”.
El espacio estaba realmente bien aprovechado. Muchos conocieron la habitación junto al vestíbulo, que servía de ampliación del oratorio, de botiquín, y de Secretaría de la residencia. Además, tenía una cama, en la que dormía Isidoro Zorzano.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.
Relación de contenidos
- Personas de las tendencias políticas más diferentes
- El Padre comprendía de sobra todo lo que yo hubiera querido decir
- Los pasos del Opus Dei por todo el mundo
- Vivir vida de fe, de esperanza y de amor
- ¿Sabéis por qué la Obra se ha desarrollado tanto?
- Dificultades económicas
- Privaciones Continuas
- Esos muros parecen de piedra y son de amor
- VillaTevere y el Colegio Romano de la Santa Cruz
- Imitar la vida de Cristo
- La limosna de la viuda pobre
- Medios humanos y sobrenaturales
- Pobre de solemnidad
- Desprendimiento y naturalidad
- Sin la generosidad no hubiera salido adelante el Opus Dei
- Visitas a los pobres
- Suplir la falta de dinero con buen gusto
- Desprendimiento de los bienes materiales
- Pobreza en los inicios: el ejemplo de Valencia
- Pobreza: elegir lo peor para uno mismo
- Consecuencias prácticas del desprendimiento de los bienes materiales
- Una taza de loza desportillada
- Pobreza en detalles concretos
- El desprendimiento que Dios quería para el Opus Dei
- Pobreza y señorío
- El 'limpio resplandor' de un corazón pobre
- El sacrificio de Abel
- Vivir la liturgia
- Para el culto de Dios, todo el lujo, la majestad y la belleza son poco
- Riqueza en el culto: el sacrificio de Abel
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