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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Doña Dolores

Etiquetas: Familia Escrivá
Doña Dolores, la Abuela
Doña Dolores, la Abuela
Así, trabajando de la mañana a la noche, la encontrarían años más tarde los socios del Opus Dei. Uno de ellos, Pedro Casciaro, la conoció en Madrid en 1936. Fue a la casa rectoral del Patronato de Santa Isabel, donde ella vivía con su hijo –era el Rector–, para ayudar, con Francisco Botella, al traslado de baúles, maletas y paquetes, a la que sería su nueva casa, en la calle del Rey Francisco. Era la primera vez que la veía. No sabía cómo llamarla. Optó por decirle «Señora». Y realmente, subraya, era muy señora: le impresionó su modo de hablar en un tono bajo y dulce.

Al despedirse, les dio las gracias, y Pedro Casciaro se quedó con el sentimiento de que “había un parentesco especial entre ella y nosotros. Quizá después de conocerla aquel día es cuando comencé a llamarla Abuela”. Con ella vivían también sus otros dos hijos, Carmen y Santiago, pero de aquel día de 1936, Pedro Casciaro sólo se acuerda de doña Dolores: “Su cara era todavía joven. Irradiaba serenidad y, al mismo tiempo, traslucía sufrimiento interior: me pareció que tenia los ojos llorosos”. El país atravesaba en 1936 momentos difíciles. Después de las elecciones de febrero, había crecido la inseguridad social y el anticlericalismo se acentuaba. Doña Dolores tenía que cambiar una vez más de casa, también en circunstancias humanamente difíciles. Pero se había acrecentado la alegría serena con que aceptó desde el principio aquel quebranto económico de Barbastro, más de veinte años atrás.

Don José lo había llevado también con idéntica fortaleza. Todos coinciden en que su negocio acabó marchando mal porque algunos se aprovecharon de su confianza, de su buena fe. El fue siempre un auténtico caballero en todo. Se explica que pronto consiguiera trabajo en otra ciudad, siguiendo en el comercio textil. A principios de 1915 marchó a Logroño, para empezar a trabajar, buscar casa para su familia, y disponerla antes de que se trasladasen todos.

Los dos hijos, Carmen y Josemaría, acabaron con normalidad el curso. Pasaron el verano en Fonz. Volvieron a primeros de septiembre a Barbastro, y unos días después, a primera hora de la mañana, tomaban la diligencia de Huesca, camino ya de Logroño.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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