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Cultura del trabajo
Mons. Italo Altimari

Por eso, los años que pasó "trabajando", en el sentido normal que damos a la palabra, no son años sin sentido, y menos teniendo en cuenta que fueron 30, en los cálculos cronológicos históricos de su vida. Fueron años que nos enseñan a valorar lo que significa la vida de familia-trabajo-relaciones de la persona. Después vinieron los años en que su transcurrir sobre la tie rra de los hombres se significó por sus enseñanzas públicas predicadas, acompañadas de sus signos y milagros, años que finalizaron con su pasión, muerte, resurrección y ascensión al Cielo.
El 1 de mayo es el día del trabajo y del trabajador. Dentro de una cultura cristiana, nada más oportuno que se haya escogido ese día dedicado a San José para esa significación. Y más que significación: es la invocación del sentido del trabajo como eje de la realidad humana de inserción en la sociedad, para los hombres y para las mujeres.

Quisiera hacer referencia a una persona que ha influido y seguirá influyendo en este ámbito del trabajo: San Josemaría Escrivá (9 de enero de 1902 al 26 de junio de 1975). El 2 de octubre de 1928 "ve", como le gustaba expresar, recibida de Dios, una luz por la cual le da a entender que toda persona está llamada a la lucha personal por identificarse con Dios en el mundo precisamente por "lo que es y por lo que hace", es decir, por el desarrollo y valorización de su vivir co tidiano.
San Josemaría Escrivá fue canonizado el 6 de octubre de 2002, en la plaza de San Pedro, por el Papa Juan Pablo II. Allí, el Papa se refirió a esa gran contribución llamándolo "el santo de lo cotidiano". De esta forma la perfección humana y sobrenatural que la persona quiere imprimir a su labor, y a todas las facetas de su vida, se unen en un deseo de servicio a los demás, por Dios y por la sociedad. Podemos imaginar lo revolucionario de esta conceptualización: la vida de trabajo del hombre y de la mujer, del campesino y del obrero, del pobre y del rico, del político y del sindicalista, del sano y del enfermo, del ama de casa, con su "trabajo del hogar", y de la "empleada del hogar", del médico y el taxista, del barrendero y del ministro, etc.
San Josemaría Escrivá estuvo en Venezuela en agosto de 1974 y en febrero de 1975. Su devoción a San José fue creciendo de modo impetuoso al ver la fe de nuestros pueblos. Es posible que todos tengamos la obligación de pedirle a San José, a través de la intercesión de San Josemaría Escrivá, el "favor" de una mejor y mayor dedicación a esas vidas de trabajo y de familia. Otros gallos cantarían.
Mons. Italo Altimari, “El Universal”, Caracas(Venezuela)
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