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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Créame, el Opus es verdaderamente Dei

Etiquetas: Barcelona, Iglesia, Opus Dei
La situación llegó a extremos de tal gravedad que no podía ir por Barcelona, pues corría el riesgo de ser detenido. A pesar de todo, hizo algún viaje desde Madrid, en avión, regresando en el día, para no tener que alojarse en ningún hotel. Su billete iba a nombre de Josemaría E. de Balaguer, a fin de no poner en marcha a la policía, pues se le conocía más como P. Escrivá. Le había dado este consejo el Nuncio, Mons. Cicognani.

Desde los comienzos del Opus Dei, san Josemaría Escrivá manifestó su afecto a monjes y religiosos. En la foto, con el Abad Areli Maria Escarré y otro monje de Montserrat
Desde los comienzos del Opus Dei, san Josemaría Escrivá manifestó su afecto a monjes y religiosos. En la foto, con el Abad Areli Maria Escarré y otro monje de Montserrat
Era entonces Gobernador civil de Barcelona Correa Veglison. Años después, el doctor Balcells le habló de aquel viaje: “Me alegro –dijo Correa– de no haber sabido que fue entonces Monseñor Escrivá a Barcelona: tales eran las cosas que decían de él que hubiera enviado la policía al aeropuerto a detenerlo”.

En aquella época, la Abadía de Montserrat era uno de los centros más importantes de espiritualidad en toda España. Afortunadamente, don Aurelio M. Escamé, Abad–Coadjutor de Montserrat, se dirigió al Obispo de Madrid pidiéndole información sobre el Opus Dei. La respuesta de don Leopoldo Eijo y Garay al Abad Escarré lleva fecha del 24 de mayo de 1941: “Ya sé el revuelo que en Barcelona se ha levantado contra el Opus Dei. Bien se ve la pupa que le hace el enemigo malo. Lo triste es que personas muy dadas a Dios sean el instrumento para el mal; claro es que putantes obsequium se praestare Deo”. Don Leopoldo añade que sabe todo sobre la Obra, porque “desde que se fundó en 1928 está tan en manos de la Iglesia que el Ordinario diocesano, es decir, o mi Vicario General o yo, sabemos, y cuando es menester dirigimos, todos sus pasos; de suerte que desde sus primeros vagidos hasta sus actuales ayes resuenan en nuestros oídos, y... en nuestro corazón. Porque, créame, Rmo. P. Abad, el Opus es verdaderamente Dei, desde su primera idea y en todos sus pasos y trabajos”.

En su carta, el Obispo de Madrid se detiene en la descripción de las virtudes sacerdotales –incluida la extrema docilidad a su prelado– del Fundador del Opus Dei, y sale al paso de la específica calumnia relativa al secreto de la Obra: “La asociación secreta, que dicen los denigradores, no ha nacido sino con la bendición de la autoridad diocesana, y no da paso de alguna importancia sin pedirla, amén de la aprobación”. La discreta reserva –nunca secreto– que el Dr. Escrivá inculca es “el antídoto contra el faroleo, la defensa de una humildad que él quiere que sea colectiva, no sólo individual”. “No merece más que alabanzas el Opus Dei –concluye don Leopoldo–; pero los que lo amamos no queremos que se lo alabe, ni se lo pregone”, porque su único afán es “trabajar calladamente, con humildad, con alegría interna, con entusiasmo apostólico que no se desvirtúe, precisamente porque no se desborda en ostentaciones”.

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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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