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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Corazón Universal
En esa ocasión, al acabar la entrevista, Mons. Escrivá de Balaguer se adelantaba a cualquier malentendido o equívoco: no piense que no amo a mi país. Porque, en su corazón de cristiano, el patriotismo jamás nublaba su mirada abierta a horizontes sin límites. Como se lee en Camino:
Ser “católico” es amar a la Patria, sin ceder a nadie mejora en ese amor. Y, a la vez, tener por míos los afanes nobles de todos los países. ¡Cuántas glorias de Francia son glorias mías! Y, lo mismo, muchos motivos de orgullo de alemanes, de italianos, de ingleses..., de americanos y asiáticos y africanos son también mi orgullo.
–¡Católico!: corazón grande, espíritu abierto (Camino, 525).
Movido por esta claridad –que era espíritu de Dios–, muy pronto puso en marcha el Colegio Romano de la Santa Cruz: un centro de formación, en el corazón de la cristiandad, donde pudieran convivir personas del Opus Dei de todo el mundo, mientras estudiaban en los diversos Ateneos y Universidades de Roma. Allí aumentarían todos sus ansias de universalidad, para ser en el futuro –repartidos por el mundo– instrumentos de unidad.
Consumía al Fundador del Opus Dei el celo por la salvación de todas las almas. Ante el fuego que Cristo había venido a traer a la tierra, y que debía arder en los corazones, qué débiles se le aparecían las fronteras geográficas o políticas. Con su visión universal, descubría posibilidades apostólicas que a otros pasaban inadvertidas. Así sucedió con Brasil. Los miles de brasileños que le escucharon en 1974 no se esperaban el panorama apostólico que les presentó.
Su primera sorpresa fue que Mons. Escrivá de Balaguer, a los dos días de llegar a Brasil, comenzó a decirles que su patria era un continente, no una nación. Le había impresionado la amalgama de razas, de gentes que saben convivir, quererse. Y veía su proyección espiritual y apostólica en el mundo entero.
En diversos momentos de su estancia en aquellas tierras exclamaría: ¡El Brasil! Lo primero que he visto es una madre grande, hermosa, fecunda, tierna, que abre los brazos a todos, sin distinción de lenguas, de razas, de naciones, y a todos los llama hijos.
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Ser “católico” es amar a la Patria, sin ceder a nadie mejora en ese amor. Y, a la vez, tener por míos los afanes nobles de todos los países. ¡Cuántas glorias de Francia son glorias mías! Y, lo mismo, muchos motivos de orgullo de alemanes, de italianos, de ingleses..., de americanos y asiáticos y africanos son también mi orgullo.
–¡Católico!: corazón grande, espíritu abierto (Camino, 525).
Movido por esta claridad –que era espíritu de Dios–, muy pronto puso en marcha el Colegio Romano de la Santa Cruz: un centro de formación, en el corazón de la cristiandad, donde pudieran convivir personas del Opus Dei de todo el mundo, mientras estudiaban en los diversos Ateneos y Universidades de Roma. Allí aumentarían todos sus ansias de universalidad, para ser en el futuro –repartidos por el mundo– instrumentos de unidad.
Consumía al Fundador del Opus Dei el celo por la salvación de todas las almas. Ante el fuego que Cristo había venido a traer a la tierra, y que debía arder en los corazones, qué débiles se le aparecían las fronteras geográficas o políticas. Con su visión universal, descubría posibilidades apostólicas que a otros pasaban inadvertidas. Así sucedió con Brasil. Los miles de brasileños que le escucharon en 1974 no se esperaban el panorama apostólico que les presentó.
Su primera sorpresa fue que Mons. Escrivá de Balaguer, a los dos días de llegar a Brasil, comenzó a decirles que su patria era un continente, no una nación. Le había impresionado la amalgama de razas, de gentes que saben convivir, quererse. Y veía su proyección espiritual y apostólica en el mundo entero.
En diversos momentos de su estancia en aquellas tierras exclamaría: ¡El Brasil! Lo primero que he visto es una madre grande, hermosa, fecunda, tierna, que abre los brazos a todos, sin distinción de lenguas, de razas, de naciones, y a todos los llama hijos.
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
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