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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Como el grano de mostaza (9)

Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei

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También Jesucristo, para cumplir su misión divina, se sirvió de cosas tan terrenas como los haberes de las pobres gentes que le seguían, unos cuantos panes y peces, un poca de barro... Le dejaron un borrico para entrar en Jerusalén. Y en una habitación también prestada celebró su última Pascua en la tierra.

Esa vida de Cristo es la que quiso imitar el Fundador del Opus Dei. Para sacar adelante sus proyectos apostólicos contó con el trabajo profesional de los socios de la Obra, pero también con la ayuda de muchas personas, conscientes de que esas tareas merecían su apoyo, porque contribuían al mejoramiento de los hombres.

En 1950, cuando se extendía la Asociación, y eran muchas las necesidades económicas que el crecimiento llevaba consigo, expresó que el Opus Dei y sus socios no necesitan dinero, porque trabajan, cada uno en su tarea profesional, y se sostienen sobradamente; pero, para nuestras obras corporativas, cuanto más nos ayuden, mejor serviremos a las almas.

Esta colaboración económica discurrió siempre por cauces civiles, lejos de todo confesionalismo. Ya se ha dicho que las obras apostólicas del Opus Dei son centros promovidos por ciudadanos corrientes, que ejercen en ellos libremente su actividad profesional. No son, pues, labores católicas, ni menos eclesiásticas, aunque allí se siga con fidelidad la doctrina de la Iglesia. Se trata de tareas nacidas y dirigidas con mentalidad laical, dentro de las leyes de cada país, sin privilegio alguno, tampoco en lo económico. Resuelven sus problemas y responden de la gestión, en su caso, ante los organismos jurídicos establecidos en cada nación.
A veces, ante los propietarios de los edificios o instalaciones que los han cedido o alquilado y reciben su correspondiente retribución.

Este carácter laical –ni confesional, ni eclesiástico– de las iniciativas apostólicas del Opus Dei explica también la colaboración de los cooperadores no católicos a que se ha hecho referencia en el capítulo octavo. La experiencia de años muestra que, además, obtienen un inmenso beneficio espiritual, como encarecía el Fundador de la Obra: Solicitando de estas personas su ayuda económica y sus horas de trabajo profesional, en servicio de las empresas apostólicas que sostenemos –que siempre tienen, además, una eficacia humana–, las colocamos en el corazón de nuestras labores, y les brindamos la posibilidad de ser brazo de Dios para realizar su Obra entre los hombres.

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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: Las libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo

Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.

Salvador Bernal, Apuntes sobre la vida del Fundador del Opus Dei, Rialp, Madrid, 1976.