PortadaTestimoniosUna alegría distinta
Testimonios

Una alegría distinta

Marcela Trujillo, Colombia

Colombia, 19 de diciembre de 2010

Etiquetas: Abandono en Dios, Agradecimiento, Alegría, Dolor, Enfermedad, Generosidad, Familia, Colombia
Poco tiempo después de casarme, me diagnosticaron cáncer de cuello uterino, me intervinieron y con el tratamiento adecuado salí adelante. Eso sí, gracias al cariño de mi marido y a una sacerdote médico que me aconsejó no aceptar un procedimiento médico que me impediría tener hijos, siempre que fuera posible otra solución. Tres años después de mi curación llegó María Antonia. Y a los tres años llegaron Nicolás e Isabel. Nuestra pequeña nació con síndrome de Down.
Mª Antonia, Isabel y Nicolás
Mª Antonia, Isabel y Nicolás

Cuando era niña me regalaron un pequeño gran libro llamado Camino, que siempre me sigue ayudando. Años más tarde, en la Universidad de la Sabana, comencé a asistir a medios de formación que impartían personas del Opus Dei. Los consejos sobrenaturales de San Josemaría que aprendí con Camino me han ayudado a aceptar gozosamente lo que es más costoso, ya que por el atajo del placer, que es pasajero, nunca seremos felices. Cuando lo ofrezco todo a Dios veo que la "satisfacción interior" y la "utilidad espiritual" no tiene fronteras y sale uno más fortalecido.
La familia Trujillo al completo
La familia Trujillo al completo

Puedo cambiar el mundo
Soy cooperadora del Opus Dei. Es algo que rejuvenece continuamente mi fe católica, me ayuda a vivirla, a hablar de ella, a actuar con coherencia, sabiendo decir 'no' cuando algo se opone a los planes de Dios y 'sí' a lo que ayuda a dejar este mundo mejor de lo que estaba cuando llegaste. Además, sé que muchas personas rezan por mí y que puedo dar más y mejor, sin ser una simple espectadora de la Iglesia de la que somos parte todos. Me ayuda a tener presente que puedo cambiar el mundo desde mi quehacer, mi vocación, allí donde Dios me puso.
Isabel
Isabel

La formación cristiana que recibo para vivir más a fondo la fe me ayuda a tener conciencia de mi responsabilidad con los demás, porque cuando llegue al cielo me van a medir por el amor, por lo que hice para los demás, lo otro sería egoísmo.
Mi colaboración con el Opus Dei es muy variada, ya que es tan especial el vínculo, y tal la gratitud, que además de mi pequeño aporte económico, en mis oraciones diarias está siempre el Opus Dei. Me dio alegría cuando mi hija M. Antonia, después de pedirme permiso, donó su Niño Jesús en una cunita de porcelana (algo muy preciado para ella pues era mío desde niña) para un Centro del Opus Dei que comenzaba.