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Testimonios

Ciudadanos que valoran el amor

Vittorio Gervasi, Roma, Italia

1 de enero de 2002

Etiquetas: Juventud, Matrimonio, Santa Pureza, Noviazgo
El matrimonio es una etapa tan importante que requiere una preparación muy cuidada, viviendo con determinación aquellos consejos que san Josemaría repetía a los jóvenes que decidían tomar este camino.

La aventura sigue siendo bonita también hoy, un tiempo en el que al que quiere casarse le asaltan mil dudas: ¿será amor de verdad?, ¿será amor para siempre?, ¿cómo puedo saberlo… y, si encuentro dificultades? ¿Por qué tanto matrimonios fallan…? La aventura sigue siendo bonita porque está en juego descubrir el amor auténtico. Monseñor Escrivá de Balaguer solía aconsejar —ésta es la idea— que “al buscar novia piensa que ella podría ser la madre de tus hijos” y, por lo tanto, “mírala siempre como una persona que merece todo respeto” (Cfr. Conversaciones, 105 y 121) .

Así, un grupo de amigos empezamos un ciclo de encuentros en un pub de Roma donde los jóvenes se encuentran normalmente para escuchar jazz compartiendo una cerveza, y en un lugar como ése, punto de encuentro de muchos, uno se da cuenta de cómo el mensaje de san Josemaría está al alcance de todos. En los encuentros han participado chicos y chicas atrapados por los tópicos de nuestra sociedad: “¿Conviene casarse o convivir?”, y muchos se han dado cuenta de que una relación de amor sincero es exigente: una santa exigencia (Cfr. Camino, 387), que puede parecer quizás una ‘intransigencia’ al decir algunos “no” al propio novio —por respeto al cuerpo, a la sexualidad y al proyecto de Dios—, pero que tiene sentido para poder decir después un sí definitivo que llevará a una gran riqueza.

Con el grupo de amigos hemos intentado desmentir las cuestiones más difundidas que hoy en día hacen particularmente difícil crear una relación hombre-mujer que pueda desembocar en un buen matrimonio, y han intervenido algunos relatores que conocen y viven las enseñanzas de san Josemaría, por ejemplo, un psiquiatra —que está casado desde hace varios años— , que ayuda a las parejas que tienen dificultades para superar los obstáculos; un psicólogo que favorece el diálogo entre los cónyuges, etc.

Todos los consejos de monseñor Escrivá están al alcance y son, sin duda, un auxilio precioso para no perderse la belleza de una relación de amor, ya en el noviazgo, vivido como una “misión especial” preparatoria —cuando hay unos principios— para un buen matrimonio.

Muchos han comprendido que es necesario vencer los temores, tener la valentía de afrontar con seriedad las elecciones fundamentales de la vida (el matrimonio), ya desde novios, y alguno se ha casado, otro ha cambiado de rumbo y otros muchos —aparentemente— no han hecho nada, pero todavía están dándole vueltas y pidiendo profundizar.

Viviendo el noviazgo en esta dirección ponemos bases sólidas para construir un matrimonio fuerte, capaz de rechazar los inevitables golpes que la vida nos traerá a lo largo de los años. Sólo así podremos responder al proyecto que un “Dios loco, loco de amor” (Via Crucis, 6) tiene por cada uno de nosotros.

Debemos tener confianza en que también la realidad del amor humano vivido desde novios puede ser santificado. Debemos reaccionar, como nos enseña san Josemaría, frente a los errores de nuestro tiempo, a la propaganda falsa —que los medios de comunicación nos proponen cotidianamente— de una sexualidad vivida fuera de la donación matrimonial, que al final hiere y acarrea tantas heridas a la sociedad entera. ¿Estoy presentando un ideal por encima de las posibilidades humanas? Solos, con nuestras propias fuerzas, no podremos conseguirlo, pero por el trato con el Señor en la oración y en los sacramentos, podemos levantarnos en los momentos grises, de dificultades debidas a nuestras inevitables caídas de hombres frágiles.

A nuestra Madre, la Virgen María, Madre del amor hermoso, podemos pedirle con la seguridad de ser escuchados, que nos obtenga el don de una vida santa y limpia. Y agradezco a san Josemaría haberme hecho accesible, con sus enseñanzas eficaces, la doctrina de la Iglesia sobre el amor humano en el noviazgo y haberme dado la confianza necesaria para llevar estas verdades a tantos amigos; de todo esto estoy muy contento y ahora, casado desde hace poco, estoy apreciando ya los frutos.