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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel

Etiquetas: Madrid, Sacerdocio
La iglesia de Santa Isabel está al lado del Convento
La iglesia de Santa Isabel está al lado del Convento
Don Josemaría fue de hecho capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel (antiguo Patronato Real), desde el 20 de septiembre de 1931, sin recibir retribución oficial alguna, según exponía tiempo después –el 26 de enero de 1934– al solicitar de la Dirección General de Beneficencia la posibilidad de ocupar la casa destinada en el Convento a quien ejercía el cargo de capellán. El expediente fue fallado en sentido positivo, con fecha 31 de enero. Y, al final de año, además, La Gaceta de Madrid de 13 de diciembre de 1934 publicó un Decreto por el que se le nombraba Rector del Patronato de Santa Isabel. Lo firmaban Niceto Alcalá–Zamora, y el Ministro de Trabajo, Sanidad y Previsión, Oriol Anguera de Sojo, pues, a tenor de otro Decreto de 17 de febrero de aquel mismo año, una parte de los Patronatos de la extinguida Casa Real, habían pasado a depender de ese Ministerio. Oficialmente, don Josemaría recibió posesión de ese cargo rectoral el 19 de diciembre de 1934. Previamente, había obtenido la venia para aceptar el cargo, del Ordinario Palatino, Arzobispo de Sión, que seguía teniendo la jurisdicción eclesiástica sobre los antiguos Patronatos Reales, y del Arzobispo de Zaragoza, que era la diócesis de don Josemaría.

Sor María del Buen Consejo Fernández, Agustina recoleta del Monasterio de Santa Isabel, que conoció en 1931 al Fundador del Opus Dei, explica que “los PP. Agustinos Recoletos celebraban la Santa Misa a la Comunidad, pero tenían lejos el Convento y a medida que se ponían las cosas mal en el país –sobre todo al proclamarse la República– era peligroso venir a pie por la calle hasta nuestro Convento”. Hasta que un día la Madre Priora –Sor Bisnieta María del Sagrario– reunió a la Comunidad y les comunicó que un sacerdote de Zaragoza vendría a diario a celebrar la Santa Misa. Se había presentado voluntario, para hacerles de capellán, al tener noticia de la situación angustiosa en que se encontraban las Recoletas, monjas de clausura y sin sacerdote.

La Misa era alas ocho en punto. Antes y después, don Josemaría escuchaba confesiones. Cuando era necesario, distribuía la Comunión a las monjas enfermas. Sor María del Buen Consejo informa de que durante dos meses seguidos tuvo que llevarla a una de ellas, que no podía moverse.

A Santa Isabel acudía a confesarse un grupo de chicas que tenían dirección espiritual con el Fundador del Opus Dei. Su labor de apostolado con hombres la hacía donde podía: en la calle, en una chocolatería de la calle Alcalá llamada “El Sotanillo”, paseando por el Retiro, en la propia casa de Martínez Campos, 4, pral., donde vivía con su madre y sus dos hermano desde finales de 1932, o en sus visitas a los hospitales.

El Señor había llevado al Opus Dei, desde 1928, sus primeros socios. Y todo el trabajo de su formación recaía también lógicamente sobre el Fundador, pues era el único que podía enseñarles el espíritu de la Obra.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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