Testimonios
Cada camisa que plancho tiene un nombre
Martine Liminski, ama de casa, Alemania
1 de enero de 2001
En mi trabajo diario en la casa, cada camiseta o camisa planchada tiene un nombre, el de su dueño. Cada comida que preparo con dedicación, reúne a personas concretas alrededor de la mesa, y estos pequeños trabajos hechos con amor, son valiosas oraciones para ellos.Sé que al educar a los 10 hijos que Dios nos ha confiado, no cambio el rostro del mundo, pero, estoy convencida de que con los pequeños y grandes sacrificios hechos en el momento preciso, con todo el amor que Dios me da, sí que cambia todo para cada persona.
A menudo no se reconoce el valor que tiene el trabajo del hogar, pero Dios sabe cuánto amor se pone. Lo que importa no es la perfección del resultado, ni el juicio de los demás. Lo que importa es ser un buen instrumento para hacer sentir a los demás que Dios está ahí y que les ama precisamente a través de nosotros.
La enseñanza de san Josemaría me ha ayudado a descubrir el tesoro oculto del trabajo que nadie puede ver. Cada tarea, incluso la más pequeña o insignificante, o la más desagradable, tiene un valor eterno. Es una ocasión única de demostrar a Dios mi amor por Él y por cada persona que me hace conocer.
Por todo esto, tengo una inmensa gratitud a san Josemaría Escrivá de Balaguer.

Relación de contenidos
- Esto está escrito para vos y para mí
- Comprobé que Dios no se deja ganar en generosidad
- Card. Franz König, Obispo emérito de Viena, Austria
- Lecciones prácticas de cristianismo
- El hombre en el arte se enfrenta con el misterio de la vida
- Hacer lo que debo y estar en lo que hago
- Descubrí en qué consiste la aventura de la familia
- Cada camisa que plancho tiene un nombre
- Un trabajo más humano
- Trabajo a tiempo completo
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