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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Mientras más personas haya que sirvan a Dios, mejor

Etiquetas: Contemplar, Iglesia
Después de la guerra de España, el propio P. Sancho tuvo ocasión de volver a comprobar de cerca ese espíritu. Por entonces surgieron distintos grupos apostólicos. Algunos, promovidos por sacerdotes seculares; otros, por religiosos, que comenzaron a trabajar con seglares. Al P. Sancho no se le ha olvidado la alegría de Mons. Escrivá de Balaguer ante esas iniciativas: “Siempre decía: mientras más personas haya que sirvan a Dios, mejor”.

Al Fundador del Opus Dei le correspondía ser, como tantas veces se ha apreciado, “pionero de la espiritualidad laical”. Pero era tal la fuerza de su palabra y de sus escritos, la riqueza de doctrina que el Espíritu Santo le imprimía que, en la práctica, ha hecho un bien enorme, no sólo a miles de personas de la calle, que descubrían a Dios en medio de sus afanes más ordinarios, sino también a religiosas y religiosos, consagrados de por vida a Dios lejos del mundo, por caminos que no pueden ser más diversos que los del Opus Dei.

La fidelidad a Cristo conoce, en la historia como en el presente, una notable variedad de situaciones personales e institucionales, que muestran el carácter católico, universal, de la Iglesia, sin que haya necesariamente entre esas instituciones relación de continuidad. Por encima de las diferencias, hay siempre un denominador común radical: el mensaje del Evangelio. Mons. Escrivá de Balaguer subrayó siempre –como elemento decisivo– que, para ser santos en medio del mundo, los laicos debían aprender a llevar vida contemplativa, a tener presencia de Dios en las circunstancias normales propias de los fieles corrientes.

El espíritu contemplativo es el hilo conductor que, en buena medida, explica que el Fundador del Opus Dei entendiera muy bien la vocación –con manifestaciones tan distintas– de otras personas. Un hermano profeso de la Cartuja de Aula–Dei (Zaragoza), Hugo María Quesada, atestigua cómo desde mayo de 1942 acudió todas las semanas a la dirección espiritual de don Josemaría hasta su ingreso en la Cartuja de Miraflores. Le fue ayudando a tener presencia de Dios, a ver la oración como un diálogo, sencillo y familiar, con Dios, a ser mortificado en lo ordinario y en lo extraordinario... Le ayudó, en suma, a madurar su vocación, para que su entrada en la Cartuja no fuera fruto de un entusiasmo pasajero. Y por fin, vete, le dijo, que el Espíritu Santo te lleva por esos caminos. El hermano Hugo María recuerda con agradecimiento aquel consejo, y conserva un ejemplar de Camino dedicado, que “continúa haciéndome bien en mi vida en la Cartuja”.

Desde su Monasterio de Valencia, sor María Rosa Pérez, monja clarisa, afirma que los escritos de Mons. Escrivá de Balaguer, “llenos de un profundo contenido espiritual, han sido una valiosa ayuda en las distintas épocas de mi vida, tanto en mi vida seglar como actualmente en mi vida consagrada. Todos ellos reflejan la grandeza de su alma, su profunda fe y extraordinaria confianza en Dios”.


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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