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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Cada caminante siga su camino

Etiquetas: Camino, Comprensión, Iglesia, Comunión
Poco después de la guerra de España dirigió unos días de retiro para estudiantes en Burjasot (Valencia). El edificio había sido cuartel de milicianos o cosa parecida. Quedaban aún letreros en las paredes, aunque habían quitado muchos. Quiso que dejasen uno que decía “Cada caminante siga su camino”: venía a ser todo un lema del espíritu abierto que caracterizaba su acción apostólica.

A lo largo de su vida, tuvo muchas ocasiones de confirmar, con los hechos, que había incorporado a su conducta ese espíritu evangélico. Uno lo refirió, en sus líneas generales, el Obispo de Ciudad Real. Don Juan Hervás promovió un gran movimiento de renovación cristiana y de apostolado laical, los conocidos Cursillos de Cristiandad, que tuvieron pronta y rápida expansión. Pero, como tantas veces sucede, se desató una tremenda tempestad contra él. Hacia 1957 fue a desahogarse con su amigo don Josemaría, a quien había tratado antes de 1936, cuando don Juan consagraba su recién estrenado sacerdocio a la naciente Acción Católica.

Los tiempos habían cambiado. Pero el diálogo fue tan fácil y cordial como entonces. “Sus palabras, breves y certeras –escribe Monseñor Hervás en 1975– me reconfortaron mucho en una hora ciertamente difícil para los Cursillos de Cristiandad. Y recuerdo también la insistencia con que recalcaba, dándome la sensación de que volcaba en mí su propia alma: amor a los que no nos comprenden, oración por los que juzgan sin querer enterarse, atención a la voz de la Iglesia y no a los rumores de la calle, un corazón limpio de amarguras y resentimientos”.

“De este modo providencial e imprevisto aquel hombre de Dios, como no dudo en llamarlo, influyó para alentar una empresa que no era su empresa y volcó caridad y comprensión sobre un método de espiritualidad y apostolado laical que iba por caminos distintos de los suyos”.

Alégrate, si ves que otros trabajan en buenos apostolados (...) Después, tú, a tu camino: persuádete de que no tienes otro.
Así termina aquel punto 965 de Camino, citado poco antes.

Esto exige centrarse cada uno en su propia tarea, con su espíritu peculiar, y con veneración y comprensión hacia los demás, sin injerencias, ni coordinaciones o planificaciones superfluas.
No obstante, cuando fue necesario, el Fundador del Opus Dei trabajó –o hizo trabajar– en favor de organizaciones o movimientos apostólicos que obedecían a principios o modos de hacer diversos a los de la Obra.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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