Bajo su impulso
Asilo "Madre del Amor"
Los servicios que se ofrecen responden a la amplia gama de necesidades de los pacientes terminales. Estas necesidades pueden ser espirituales, psicológicas, sociales y emocionales. Se trata, en una palabra, del lado científico de la compasión humana.
Hasta el momento, el 'Madre del Amor' ha atendido 560 pacientes con enfermedades terminales y ha dado apoyo a sus familias. En este asilo existe la firme convicción de que la misión del voluntario no sólo consiste en suavizar o tratar de atenuar el dolor actual sino también en calmar la ansiedad por el futuro: el miedo a la muerte y la preocupación por los seres queridos que se dejan atrás. Éste es el legado del socio co-fundador Tony Mercado. Tony, estaba profundamente embebido del espíritu del fundador del Opus Dei, San Josemaría, y especialmente de su celo por las almas como dejó plasmado en Camino, 419: «Niño. Enfermo. Al escribir estas palabras, ¿no sientes la tentación de ponerlas en mayúscula? La razón es que, para un alma enamorada, los niños y los enfermos son Él».
El objetivo principal de Tony al promover el asilo fue proporcionar a los moribundos -si eran católicos- la oportunidad de recibir los últimos sacramentos y confiar a la infinita misericordia de Dios, Padre de todos, a aquellos que no lo fueran. «En nuestro trabajo en el asilo somos testigos de la misericordia de Dios», escribe Monina Allarey Mercado, viuda de Tony. «Nuestros pacientes son los pobres. Tienen casas humildes e incluso algunos de ellos viven en chabolas».
En sus años de existencia, 'Madre del Amor' ha sido escenario de numerosas conversiones. Entre ellas está el caso de una persona que solía cometer abortos. Pidió la asistencia del asilo porque estaba sufriendo mucho debido a un cáncer y a su conciencia. Se confesó no una sino tres veces por propia voluntad. Recibió la absolución especial que le levantaba la pena de excomunión impuesta por el pecado de aborto. Nuestro voluntario del asilo estuvo a su lado, rezando con ella, hasta que murió. «Los moribundos son la mejor escuela de prioridades», añade Monina. «Para los voluntarios, los pacientes y sus familiares abren nuevas perspectivas de valentía y compasión. El asilo implica curación: curación de los temores, resentimientos, pérdida de control, desesperación, soledad y la incertidumbre que supone encontrarse al borde de la muerte».
En el 'Madre del Amor' se valora la idea de aliviar el dolor de los moribundos y, con los pacientes católicos, la mayor relevancia la tienen los sacramentos como preparación para llegar a ver a Dios cara a cara. « “El apostolado con los moribundos es estar junto a un alma que está a punto de nacer a la vida eterna», explica Monina.
Los servicios del asilo, son gratuitos
Desde 1994, los voluntarios se han encargado de entre 15 y 35 pacientes terminales al mes. «Están con nosotros un día, una semana, un mes, seis meses o incluso un año. Nuestros pacientes suelen tener una media de 50 y 60 años. Unos cuantos tienen entre 80 y 90. La causa principal de sus muertes es el cáncer», dice Monina.
Los servicios del asilo son gratuitos gracias a los generosos donativos de muchos amigos. Esta ayuda financiera llega también para mantener a los voluntarios, enfermeras, personal de oficinas y material.
«Vivimos con un presupuesto muy ajustado y dependemos de los corazones generosos. La mayoría de la gente piensa en las instituciones de este tipo como en entidades de régimen interno, mientras que el asilo 'Madre del Amor' está basado en sus propios hogares. Es gratuito y desciende hasta los mas bajos niveles sociales. Por ejemplo, un paciente nuestro vivía en un refugio construido entre grúas y láminas de hojalata. Su cama estaba formada por varios cartones de cajas de verduras. Cuando llegó el momento de escuchar su última confesión, el capellán se arrodilló junto al paciente y se agachó para escucharle, absolverle y darle la Comunión.
Recuerdo también el caso de un hombre inseguro de su capacidades sociales que vivía como ermitaño allá arriba en las colinas desde hace más de 30 años. Cuando se sintió enfermo, mandó recado a sus familiares para que le acogieran. Ellos le recogieron, lo lavaron y alimentaron bien y lo trasladaron al asilo. Tenía una enfermedad terminal de riñón. Cuando uno de los voluntarios le ofreció llamar a un sacerdote para que le confesara el asintió. Después de varias semanas, durante las que recibió los cuidados del asilo, falleció.
Una de nuestra pacientes al conocer su enfermedad volvió a acercarse a Dios después de rechazarle durante toda su vida y recibió los sacramentos. En sus últimos momentos insistió en que la lleváramos a una iglesia cercana. A unos pasos de la puerta principal, falleció en su silla de ruedas», relata Monina.
A los voluntarios se les confían las obras de misericordia de enseñar e invitar a los pacientes a recibir los sacramentos. Desde su fundación en 1994 hasta el momento todos los pacientes terminales católicos han elegido recibirlos.
Más información: www.hospice.org.ph
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