PortadaDocumentaciónArtículos y EstudiosApuntes para la historia de la expresión «primeros cristianos» y su uso por san Josemaría Escrivá
Documentación
Artículos y Estudios

Apuntes para la historia de la expresión «primeros cristianos» y su uso por san Josemaría Escrivá

Jerónimo Leal

Etiquetas: Primeros cristianos
Después de un detallado recorrido histórico en el que examina el uso en los santos Padres y en la teología de la expresión “primeros cristianos”, el autor concluye que la originalidad de san Josemaría respecto a san Agustí reside en la capacidad de sentirse en esa situación viva. "Los primeros cristianos no son algo que pasó, -señala Leal- sino una situación que espiritualmente puede repetirse en cualquier cristiano: basta que se encuentre anímicamente cerca de Cristo. Pero esta originalidad lo es también respecto a los demás autores espirituales: ninguno —que nosotros hayamos podido comprobar— ha visto en los primeros cristianos un modelo vivo".


Resumen
El interés por los estudios sobre los primeros siglos del cristianismo sigue aumentando de día en día, no sólo entre aquellos que se emplean a fondo en el estudio de la historia de la Iglesia, sino también, especialmente, entre filólogos e historiadores del mundo antiguo, últimamente en modo creciente y quizá cada vez con mas fuerza. Los estudios sobre la historia social del cristianismo van ganando cada vez mas terreno en el ámbito histórico-patrístico. Este movimiento ha sido precedido, especialmente a partir del renacimiento, por otro, de una entidad mucho más específica, que consiste en el recurso a los primeros tiempos del cristianismo como modelo de autenticidad de vida y fuente de espiritualidad.

Estas corrientes contemporáneas, de orden espiritual e intelectual, nos han sugerido el presente estudio, en el que se examina la expresión "primeros cristianos" en las obras publicadas de san Josemaría Escrivá de Balaguer.

Importancia de la expresión y de su contenido
La expresión "primeros cristianos" aparece en las obras publicadas de san Josemaría un considerable número de veces1, sobre todo si lo comparamos con otros escritos contemporáneos, o incluso más recientes. Por poner un ejemplo que ilustrará esto que acabamos de decir, el Catecismo de la Iglesia Católica, que bebe como en su fuente de los textos del Concilio Vaticano II, sólo se encuentra una vez la expresión, en el número 1329,2; al hablar de la Fracción del pan se indica que con esta expresión los primeros cristianos designaron sus asambleas eucarísticas2. Ninguna delimitación, por tanto, al uso del concepto, sino, mas bien, una vaga referencia a los tiempos primitivos. Pero hay más. Entre los escritos del Concilio Vaticano II, el cual, a su vez, preconizó la llamada universal a la santidad, cabría esperar alguna referencia en la que basar esta doctrina. La expresión, sin embargo, no se encuentra nunca.

Si nos retrotraemos todavía un poco más en el tiempo y consideramos la producción de algunos grandes autores espirituales, se evidencia una absoluta despreocupación por el tema. No se menciona nunca en san Juan de la Cruz, nunca en Santa Teresa de Jesús3, una sola vez aparece la expresión en Santa Teresa de Lisieux, para desear el mismo martirio que obtuvieron como gracia algunos primeros cristianos4. Nos queda el recurso a los mismos primeros cristianos para ver que concepto tienen de sí mismos, a los autores medievales, para ver como han recibido la terminología, y a los estudios históricos contemporáneos, para descubrir otras perspectivas con respecto al tema.

Patrística
Como es sabido, el termino "cristianos" aparece por primera vez en los Hechos de los Apóstoles, en la narración en que se explica que los habitantes de Antioquía, probablemente paganos, dieron este nombre a los seguidores de Cristo. El nombre, aunque impuesto por personas ajenas a la doctrina, es el que después triunfó en la designación de los discípulos de Cristo. Con anterioridad a este nombre existieron otros que no han gozado tanto del favor de la historia5.

Será san Ignacio de Antioquia quien nos proporcione el segundo testimonio del empleo de este nombre, que, como es lógico, no constituye todavía un termino técnico. Es inútil, por tanto, buscar en época tan temprana la expresión a la que hemos dedicado nuestro estudio. Hay que esperar hasta Sozomeno ( … 448), entre los de lengua griega, que lo emplea una sola vez para hacer referencia a los primeros que abrazaron la fe en la población de Betelia de Gaza, sus propios abuelos, aunque en realidad es san Agustín quien usa por primera vez emplea la expresión.

El sintagma "primeros cristianos" se encuentra empleado por el Santo en tres ocasiones. En primer lugar, en su manual de instrucción catequética, De catechizandis rudibus, escrito hacia el ano 400 siendo ya obispo, cuando explica que los primeros cristianos eran movidos a creer por los milagros pues aún no se veían cumplidas las profecías. Nosotros, en cambio, —afirmará el obispo de Hipona— ya las vemos cumplidas y, por tanto, no nos hacen falta los milagros7. Una primera observación que se debe hacer inmediatamente es que la comparación agustiniana entre primeros cristianos (primi christiani) y nosotros (nos), establece una fuerte diferencia entre el cristiano del quinto siglo, contemporáneo del norteafricano, y una época anterior, que se juzga ya como pasada y de algún modo irrepetible en la situación actual. san Agustín, aunque a nosotros nos pudiera parecer otra cosa, ya no se considera entre los primeros cristianos.

Un segundo elemento interesante que se puede desprender de esta primera afirmación agustiniana es el hecho de establecer un modelo, con el que compararse, en aquellos seguidores de Cristo de la primera hora. El segundo pasaje consiste en unas elocuentes frases recogidas en el tratado contra Fausto el maniqueo8. En esta ocasión san Agustín tiene la oportunidad de explicar como creyeron los cristianos procedentes de la circuncisión y como se les permitió conservar algunas de sus tradiciones La referencia a primeros tiempos es también clara: un momento pasado que ahora ya no es válido, habida cuenta del cambio de las circunstancias.

Es el tercer texto, a nuestro juicio, el más elocuente. Consiste en una referencia indirecta, pero que aclara de modo definitivo la época a la que se debe circunscribir el empleo del sintagma "primeros cristianos" en san Agustín. Se trata en esta ocasión de uno de sus sermones, muy probablemente primero pronunciado y luego trascrito, en el que explica Agustín: "por eso dice el Apóstol Pablo hablando a los primeros cristianos: ved vuestra vocación, hermanos, porque no sois muchos sabios según la carne, no muchos potentes, no muchos nobles"9. Dos elementos muy claros se desprenden de la lectura de este texto. Primero: son contemporáneos a san Pablo y, podríamos decir, a los Apóstoles en general, limitando el uso de esta terminología al tiempo apostólico. Segundo: atribuye al ser de cristiano una vocación que no rehuye ningún tipo de condición personal, pues no se trata de ser sabio, rico o potente. Indirectamente está señalando que tipo de personas se encuentran entre las filas de los primeros cristianos.

Así, para san Agustín, "primeros cristianos" son los seguidores de Jesucristo, contemporáneos de los Apóstoles, gente de toda condición social, excluidos, en principio, los Apóstoles, que no entran en la categoría de primeros cristianos por formar un grupo aparte por encima de ellos. San Agustín es un caso aislado en la época patrística –casi el único a predicar sobre los primeros cristianos- y a la vez roca firme sobre la que apoyan los autores sucesivos.

La expresión en san Josemaría
Vimos, al comenzar, el gran número de veces que san Josemaría utiliza la expresión. Sólo de este hecho ya se desprende la importancia que da a su contenido. Nuestra investigación se limita a los escritos publicados, en los que la frecuencia de la expresión es de diecisiete ocasiones, sin contar los términos sinónimos que ahora no nos interesan tanto. Sólo subrayaremos aquí la distinción, en éstos, entre el uso independiente del adjetivo "primeros" o también "los primeros", sin acompañamiento de ningún sustantivo10, y el empleo de otros sustantivos diferentes a "cristianos", como "fieles", "seguidores", etc. 11 Evidentemente no se trata de entender como incluidos en nuestra expresión todos los vocablos acompañados del adjetivo cristianos pero, a la inversa, las expresiones "primeros fieles, primeros autores, primeros escritores", vayan o no acompañados del sustantivo cristianos, han de considerarse sinónimos de nuestro sintagma sólo cuando del contexto se desprenda la equivalencia de los términos12. Así, por ejemplo, con un significado próximo pero, a la vez diverso, se encuentra en el siguiente texto13:
“Como los religiosos observantes tienen afán por saber de qué manera vivían los primeros de su orden o congregación, para acomodarse ellos a aquella conducta, así tú —caballero cristiano— procura conocer e imitar la vida de los discípulos de Jesús, que trataron a Pedro y a Pablo y a Juan, y casi fueron testigos de la Muerte y Resurrección del Maestro.”

Más que el número de veces que emplea la expresión, sorprenden otros dos hechos. Primero, que la está diseminada a de lo largo de toda la obra: no hay un sólo libro en que no se encuentre referencia al tema. En segundo lugar, el relieve dado a la expresión, por ejemplo cuando afirmaba en una entrevista concedida en 1967 a un corresponsal de “Time”: «Si se quiere buscar alguna comparación, la manera más fácil de entender el Opus Dei es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a la que estaban llamados por el hecho, sencillo y sublime del Bautismo. No se distinguían exteriormente de los demás ciudadanos. Los miembros del Opus Dei son personas comunes; desarrollan un trabajo corriente; viven en medio del mundo como lo que son: ciudadanos cristianos que quieren responder cumplidamente a las exigencias de su fe»14.

La comparación delimita claramente la noción de primeros cristianos y pensamos que este texto debe considerarse la base para cualquier otra afirmación que quiera hacerse acerca del tema en san Josemaría.
Las referencias a los primeros cristianos en las obras del fundador del Opus Dei como contemporáneos de los Apóstoles son las más frecuentes, por ejemplo en el siguiente texto: «En la Iglesia existe esa radical unidad fundamental, que enseñaba ya san Pablo a los primeros cristianos: Quicumque enim in Christo baptizati estis, Christum induistis. Non est Iudaeus, neque Graecus: non est servus, neque liber: non est masculus, neque femina15; ya no hay distinción de judío, ni griego; ni de siervo, ni libre; ni tampoco de hombre, ni mujer»16.

El texto tiene gran similitud con el tercero de san Agustín que hemos citado, en el que también san Pablo se dirige a los primeros cristianos. De todas formas, no faltan textos en los que se amplia el lapso temporal: «Qué bien pusieron en práctica los primeros cristianos esta caridad ardiente, que sobresalía con exceso más allá de las cimas de la simple solidaridad humana o de la benignidad de carácter. Se amaban entre sí, dulce y fuertemente, desde el Corazón de Cristo. Un escritor del siglo II, Tertuliano, nos ha transmitido el comentario de los paganos, conmovidos al contemplar el porte de los fíeles de entonces, tan lleno de atractivo sobrenatural y humano: mirad como se aman» (TERTULLIANO, Apologeticum, 39), repetían17.

La cita de Tertuliano ampliaría el horizonte hasta el siglo tercero incluido, si no fuera por la aclaración que introduce el propio autor: un escritor del siglo II. En efecto, Tertuliano está a caballo entre el siglo segundo y el tercero. Los primeros cristianos son también los del segundo siglo, pero especialmente lo son los de edad apostólica.

Toca ahora analizar, como ya hemos anunciado, la calificación de los primeros cristianos. Concretamente nos preguntamos si son personajes comunes sólo, o también el grupo de los doce. Como ya hemos visto en la entrevista de Time, son personas comunes que no se distinguen en nada de sus conciudadanos. En san Agustín vimos que se excluían los Apóstoles. En san Josemaría no se dice expresamente nunca que se excluyan los Apóstoles, pero parece desprenderse del contexto general de las afirmaciones que el modelo que se propone no es exclusivamente el de los doce, sino también el de otras muchas personas que han actuado como "apóstoles" sin ser "los Apóstoles". Esto que acabamos de afirmar se ve claramente en el siguiente texto: «Por eso, quizá no puede proponerse a los esposos cristianos mejor modelo que el de las familias de los tiempos apostólicos: el centurión Cornelio, que fue dócil a la voluntad de Dios y en cuya casa se consumó la apertura de la Iglesia a los gentiles; Aquila y Priscila18, que difundieron el cristianismo en Corinto y en Efeso y que colaboraron en el apostolado de san Pablo19; Tabita, que con su caridad asistió a los necesitados de Joppe20. Y tantos otros hogares de judíos y de gentiles, de griegos y de romanos, en los que prendió la predicación de los primeros discípulos del Señor21».

Por eso, con respecto a la particularidad del uso por san Josemaría, se ha de decir que no ha acuñado una nueva expresión, pues ya existía —como hemos visto— desde san Agustín, pero le añade algunos matices que la hacen en cierta manera nueva. No es simplemente una categoría histórica sino que, sin dejar de serlo, entra de lleno en la reflexión teológica y, concretamente, espiritual. Por eso la característica que añade san Josemaría es la nota teológico-espiritual: no se trata de una mera referencia a la situación histórica de los comienzos de la cristiandad, ni un mero buen ejemplo a seguir. Incluye la sintonía interior con una situación de proximidad a los primeros pasos de la vida de la Iglesia y se identifica la situación histórica personal con una situación histórica colectiva. Pero, por otra parte, no es un término técnico exclusivo, puesto que, como también hemos visto, hay términos y expresiones sinónimos y las fronteras de tiempo no están fijadas estrictamente.

La originalidad de san Josemaría con respecto a san Agustín es la capacidad de sentirse en esa situación viva: los primeros cristianos no son algo que pasó, sino una situación que espiritualmente puede repetirse en cualquier cristiano: basta que se encuentre anímicamente cerca de Cristo. Pero esta originalidad lo es también respecto a los demás autores espirituales: ninguno —que nosotros hayamos podido comprobar— ha visto en los primeros cristianos un modelo vivo.

En conclusión, desde el punto de vista histórico, como objetivo personal y reto para los estudiosos de la antigüedad, nos proponemos la dedicación a los estudios sobre el cristianismo primitivo, que en nuestra opinión deben multiplicarse, con la finalidad de conocer a fondo la vida de los primeros cristianos, profundizando así en las enseñanzas de san Josemaría.


Jerónimo Leal es profesor de Patrología e Historia de la Iglesia Antigua en la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de la Santa Cruz









Notas
1. Por citar algunos casos, parte de los cuáles se estudian después, se encuentra en los siguientes lugares: Camino 925, 971, 570, 799, 469; Surco, 490, 921, 320; Forja, 10; Es Cristo que pasa, 153, 3; 96, 3; 66, 5; 30, 4-5; 131, 8; 134, 2; Amigos de Dios, 269, 1; 186, 3; 225, 2; 269; 241, 2; Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 24,7; 14, 2; 103, 2.
2. En otra ocasión, se afirma “El mundo fue creado en orden a la Iglesia”, decían los cristianos de los primeros tiempos (Hermas, vis. 2, 4, 1; cf Aristides, apol. 16, 6; Justino, apal. 2, 7). (CATECISMO DE LA IGLESIA CATÓLICA, 760,1).
3. Cf. J.L. ASTIGARRAGA. Concordancias de los escritos de Santa Teresa de Jesús. Vol. I, voz "cristiano", pp. 631-632.
4. Se trata del siguiente texto: Al posar mis labios sobre el polvo purpurado por la sangre de los primeros cristianos, me latía fuertemente el corazón. Pedí la gracia de morir también mártir por Jesús, y sentí en el fondo del corazón que mi oración había sido escuchada... (SANTA TERESA DE LISIEUX, Historia de un alma, 6, 65).
5. Cf. A. HARNACK, Die Mission und Aasbreiiung des Cbrístentums in den ersien drei Jahrhunderten, Leipzig 1902, traducción italiana Missione e propagazione del cristianesimo nei primi tre secoli, Cosenza 1986. pp. 296-314.
7. AUGUSTINUS HlPPONENSIS, De catechizandis rudibus, 24, 45 (CCL 46, pp. 168-9).
8. AUGUSTINUS HIPPONENSIS, Contra Faustum, 19,17, (CSEL25/1, p. 514)
9. AUGUSTINUS HIPPONENSIS, Sermo 43,6 (CCL 41, pp. 510-1)
10. Cf., por ejemplo, Amigos de Dios, 186,3 y Camino 799: «Lo que a ti te maravilla a mí me parece razonable. —¿Que te ha ido a buscar Dios en el ejercicio de tu profesión? Así buscó a los primeros: a Pedro, a Andrés, a Juan y a Santiago, junto a las redes: a Mateo, sentado en el banco de los recaudadores... Y, ¡asómbrate!, a Pablo, en su afán de acabar con la semilla de los cristianos». Camino, 799.
11. Por ejemplo, "primeros discípulos del Señor". Es Cristo que pasa, 30,4.
12. En una ocasión se emplea el sintagma "primeros fieles": «—Y ¿qué medios tenemos? —Los mismos que los primeros fieles, que vieron a Jesús, o lo entrevieron a través de los relatos de los Apóstoles o de los Evangelistas». Forja, 10. En otro lugar son los "primeros fieles cristianos": «"Saludad a todos los santos, Todos los santos os saludan. A todos los santos que viven en Efeso. A todos los santos en Cristo Jesús, que están en Filipos." —¿Verdad que es conmovedor ese apelativo —¡santos!— que empleaban los primeros fieles cristianos para denominarse entre sí?» Camino, 469.
13. Camino, 925.
14. Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 24, 7.
15. Gal 3,26-28.
16. Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 14, 2. Pero cf. también Camino, 570 y este otro texto: «Ahora viene a propósito traer a nuestra memoria la consideración de un episodio, que pone de manifiesto aquel estupendo vigor apostólico de los primeros cristianos. No había pasado un cuarto de siglo desde que Jesús había subido a los cielos, y ya en muchas ciudades y poblados se propagaba su fama. A Efeso, llega un hombre llamado Apolo, varón elocuente y versado en las Escrituras. Estaba instruido en el camino del Señor, que predicaba con fervoroso espíritu y enseñaba exactamente todo lo perteneciente a Jesús, aunque no conocía más que el bautismo de Juan» (Amigos de Dios, 269,1). Otros textos en: Es Cristo que pasa, 96, 3. Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, 103, 2.
17. Amigos de Dios, 225,2.
18. Cfr. Act 10,24-48.
19. Cfr. Act 18,1-26.
20. Cfr. Act 9, 36.
21. Es Cristo que pasa, 30, 4.


Artículo publicado en el número 16 de Annales Theologici, Revista de la Facultad de Teología de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz