San Josemaría Escrivá
La Vida

Años de guerra

Etiquetas: Fe, Guerra civil, Paso de los Pirineos
Se había desatado, además de la guerra fratricida, una fuerte persecución religiosa, una de las más sangrientas de la historia de la Iglesia.

3 de diciembre de 1937, Andorra: san Josemaría y el grupo que ha atravesado la frontera de los Pirineos
3 de diciembre de 1937, Andorra: san Josemaría y el grupo que ha atravesado la frontera de los Pirineos
Como tantos otros sacerdotes, don Josemaría corría peligro de muerte por su misma condición sacerdotal; fue necesario refugiarse, entre grandes riesgos e incertidumbres, en diversas casas particulares. Los milicianos, pensando que se trataba de don Josemaría, habían ahorcado delante de la casa de su madre, a un hombre que se le parecía físicamente.

El 30 de agosto de 1936, uno de los primeros miembros del Opus Dei, Juan Jiménez Vargas, se encontraba refugiado con otros perseguidos en casa de unos conocidos en la calle Sagasta de Madrid. Uno de ellos no sabía quién era don Josemaría, y años más tarde, recordaba lo que les sucedió cuando los soldados entraron para hacer un registro:

“Revisaban desde el sótano hasta la buhardilla, comenzaron a inspeccionar los sótanos y pasaban después a cada uno de los pisos. Antes de que llegaran al nuestro, por una escalera interior, subimos a una buhardilla llena de polvo de carbón y de trastos, como todas las buhardillas, en la que no nos podíamos poner de pie porque llegábamos con la cabeza al techo. Hacía un calor insoportable. En un momento oímos cómo entraban en la buhardilla de al lado para hacer el registro.
—Estando en esta situación, se me acerca don Josemaría y me dice:
—Soy sacerdote; estamos en momentos difíciles; si quieres, haz un acto de contrición y yo te doy la absolución.
Inexplicablemente, tras haber registrado toda la casa, no entraron en aquella buhardilla. Supuso mucha valentía decirme que era sacerdote ya que yo podía haberle traicionado y, en caso de que hubieran entrado, podía haber intentado salvar mi vida delatándolo”.

Momentos difíciles, apostolado y buen humor

Cuaderno con las rúbricas de la Sta. Misa para podrer celebrar durante la persecución religiosa
Cuaderno con las rúbricas de la Sta. Misa para podrer celebrar durante la persecución religiosa
En medio de esos riesgos, continuó celebrando la Misa cuando era posible y atendiendo sacerdotalmente a muchas personas, además de los miembros de la Obra con los que lograba contactar. Predicó incluso retiros espirituales, citando a los asistentes en sitios imprevistos. Mientras le llegaban noticias de sacerdotes amigos suyos que habían sido martirizados.

La guerra había dispersado por diversos puntos de la Península a los fieles del Opus Dei. Sólo unos pocos quedaron en Madrid, como el Fundador, que logró refugiarse en octubre de 1936 en una clínica para enfermos mentales, haciéndose pasar por uno de ellos, con la complicidad del director. Estuvo allí hasta el 14 de marzo de 1937, día en que pudo trasladarse a un nuevo refugio: el Consulado de Honduras, una sede diplomática que garantizaba una relativa —sólo relativa— seguridad.

El consulado estaba lleno de refugiados, y san Josemaría sufrió nuevas penalidades por la falta de espacio y de alimentos; sin embargo, tenía la alegría de celebrar la Santa Misa y de tener consigo a Jesús Sacramentado. Estaban refugiados con él algunos fieles del Opus Dei. Isidoro Zorzano les mantenía en contacto con el exterior, porque podía moverse libremente por Madrid gracias a su documentación como argentino. El Fundador les escribía animándoles en aquellos momentos difíciles, cartas llenas de esperanza redactadas con gracia, alegría y su característico buen humor.

Un retrato de san Josemaría realizado durante la fuga a través de los Pirineos
Un retrato de san Josemaría realizado durante la fuga a través de los Pirineos
El paso de los Pirineos

San Josemaría conocía bien desde su infancia la Ciencia de la Cruz y los sorprendentes caminos de Dios, que permitía tantos y tan terribles obstáculos en aquellos momentos de expansión apostólica. Por eso, como sabía que en la Cruz es donde Cristo triunfa y donde nos salva, no se contentó con soportar la Cruz que Dios estaba poniendo sobre sus hombros, sino que la recibió con amor, abrazándose a ella con todas las veras de su alma:

“Al celebrar la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, suplicaste al Señor, con todas las veras de tu alma, que te concediera su gracia para "exaltar" la Cruz Santa en tus potencias y en tus sentidos... ¡Una vida nueva! Un resello: para dar firmeza a la autenticidad de tu embajada..., ¡todo tu ser en la Cruz!”

¿Cuánto tiempo duraría aquella guerra? ¿Qué debía hacer para proseguir la expansión apostólica? Estuvo meditando largamente sobre este punto, y lo consultó con los que le seguían. Estaba claro que necesitaba llegar cuanto antes a la otra zona del país —le dijeron—, donde podría desarrollar con normalidad su apostolado. Y el único medio para conseguirlo, en aquellos momentos, era a través de los Pirineos, y a pie.
Rosa de madera encontrada en los montes de Rialp, resto de un retablo destrozado durante la guerra
Rosa de madera encontrada en los montes de Rialp, resto de un retablo destrozado durante la guerra

El 7 de octubre de 1937, entre grandes incertidumbres, abandonó Madrid, camino de Barcelona. A mediados de noviembre salió hacia el Pirineo en una larga expedición clandestina a través de las montañas, junto con otros fugitivos. Fueron días erizados de penalidades, que se sumaban a muchos meses de hambres y privaciones.

Durante la marcha tan arriesgada y azarosa —si los descubrían se exponían a ser fusilados—, se dio a conocer como sacerdote y celebró la Eucaristía todas las veces que le fue posible.
Uno de los expedicionarios escribió en su bloc de notas durante la travesía: “sobre una roca y arrodillado, casi tendido en el suelo, un sacerdote que viene con nosotros dice la Misa. No la reza como los otros sacerdotes de las iglesias. Sus palabras claras y sentidas se meten en el alma. Nunca he oído Misa como hoy, no sé si por las circunstancias o porque el sacerdote es un santo”.

El 2 diciembre de 1937 llegaron al Principado de Andorra, donde permanecieron durante varios días a causa de una fuerte borrasca; y desde allí fueron hasta Lourdes, para agradecer a la Virgen el feliz desenlace de la travesía.