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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Amplitud de miras

Etiquetas: Gloria de Dios, Iglesia, Vocación
En la carta que el 21 de agosto de 1975 escribe sor María Jesús Rodríguez Cuervo, Abadesa del Monasterio Cisterciense de Santa María de los Ángeles (Oviedo), reconoce que las obras Dei Fundador del Opus Dei le ayudan a vivir su vocación contemplativa y a ser fiel al espíritu de la Regla de San Benito.

Y la Superiora del Monasterio de la Visitación de Santa María, también de Oviedo, sor Teresa J. García de Samaniego, se expresa en términos parecidos. Leen y meditan los escritos del Fundador del Opus Dei. Alguna religiosa del Monasterio afirma que le debe mucho de su vocación. Todas ven en sus homilías un fermento de vida sobrenatural, de fe y de esperanza, de serenidad y de alegría. Para una hermana del Monasterio, invidente desde hace años, la edición de Camino en método Braille es recurso permanente para su oración y su vida de piedad. Sor Teresa concluye: “La espiritualidad de este Fundador es universal. Es la espiritualidad de un hombre de Dios”.

La amplitud de miras del Fundador del Opus Dei no conocía reservas. Movido por el Amor de Dios, quería que toda la gloria fuese para Él y para su Iglesia. Por eso, ante cualquier llama que se encendiera en servicio apostólico, su actitud era de apoyo decidido, en lo que pudiera estar en su mano. Cuando menos, de alegría y de oración, como escribió en Camino:
Alégrate, si ves que otros trabajan en buenos apostolados. –Y pide, para ellos, gracia de Dios abundante y correspondencia a esa gracia (Camino, 965).

Le encantaba que en la Iglesia hubiera muchos caminos:
Debe haberlos: para que todas las almas puedan encontrar el suyo, en esa variedad admirable (Camino, 964).

Pero como había sufrido el dolor de la incomprensión de algunos, arrastrados por la tentación de la envidia –la celotipia–, que aparece ya entre los primeros discípulos de Jesucristo, formó, desde el primer momento, a los que venían a su lado en la idea de que se dedicasen a su tarea, sin modificar en nada a otros que también trabajaban por Dios:
Es mal espíritu el tuyo si te duele que otros trabajen por Cristo sin contar con tu labor. –Acuérdate de este pasaje de San Marcos: “Maestro: hemos visto a uno que andaba lanzando demonios en tu nombre, que no es de nuestra compañía, y se lo prohibimos. No hay para qué prohibírselo, respondió Jesús, puesto que ninguno que haga milagros en mi nombre, podrá luego hablar mal de mí. Que quien no es contrario vuestro, de vuestro partido es” (Camino, 966).


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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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