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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer

Amor a la Sagrada Eucaristía

Etiquetas: Eucaristía, Guerra civil, Sacerdocio, devoción
También Pedro Rocamora ayudó a Misa al Fundador del Opus Dei. Fue en Madrid, en la capilla del Patronato de Enfermos, en la calle de Santa Engracia (hoy García Morato). Asistía muchas mañanas, antes de ir a la Universidad: “Cada palabra tenía un sentido profundo y un acento extraño. Saboreaba los conceptos... Don Josemaría parecía desprendido de su contorno humano y como atado por lazos invisibles a la divinidad”. Rocamora se sabía de memoria el texto latino de la Misa, y por eso podía seguir bien la liturgia. Aunque han pasado tantos años –era entonces 1929–, mantiene su emoción: “Aquellas mañanas en la capilla de la calle de Santa Engracia, al acabar la Misa, los acólitos del Padre Escrivá a veces no podíamos contener las lágrimas”. Por si acaso, Rocamora dice de sí mismo que es un hombre normal, no demasiado sensible ni exageradamente emotivo.

Con el tiempo, el Fundador del Opus Dei tendría que vivir su amor a la Sagrada Eucaristía en circunstancias tan adversas como las que se produjeron en los períodos de persecución religiosa en el Madrid republicano. Julián Cortés Cavanillas publicó un un artículo de ABC que en la mañana del 11 de mayo de 1931, mientras en Madrid ardían iglesias y conventos, “acompañado por mí, llevó en su pecho al Santísimo, desde la capilla en donde era capellán, de la calle de Manuel Cortina, hasta las casas militares, próximas a la glorieta de Cuatro Caminos, donde depositó el divino tesoro eucarístico, en casa de unos amigos aragoneses”.

Por esas fechas, como luego en Madrid y Barcelona entre julio de 1936 y diciembre de 1937, su devoción eucarística tuvo que superar dificultades tremendas: celebrar la Santa Misa clandestinamente, llevar escondida la Comunión de un sitio a otro, eran riesgos que podían pagarse con la vida. Muchos sacerdotes santos de Madrid –y de otras ciudades españolas– no tuvieron miedo a la muerte. Mons. Escrivá de Balaguer comentaría que, en aquellos meses, pensaba frecuentemente en la persecución de los primeros cristianos. A escondidas, con un traje de paisano prestado, muy delgado, en cuanto pudo moverse por Madrid, desplegó una intensa actividad sacerdotal: confesaba, daba ayuda espiritual en conversaciones personales, y en meditaciones a grupos reducidos –hasta unos ejercicios espirituales llegó a predicar–, celebraba la Santa Misa y llevaba la Comunión a unos y otros.

En parecidas circunstancias discurrió su trabajo sacerdotal los días que permaneció en Barcelona, antes de iniciar el camino que, a través de los Pirineos, le conduciría a Andorra. Fueron con él algunos socios de la Obra y unos pocos amigos, dentro de una expedición general conducida por guías conocedores del terreno, para abandonar la zona roja.


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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo


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