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San Josemaría Escrivá
La Vida

Alegrías, dolores, esperanzas

Etiquetas: Cruz, Matrimonio, Opus Dei, Virgen, Consagraciones del Opus Dei
“¿Sabéis por qué la Obra se ha desarrollado tanto? Porque han hecho con ella como con un saco de trigo: le han dado golpes, le han maltratado, pero la semilla es tan pequeña que no se ha roto; al contrario, se ha esparcido a los cuatro vientos...”

Con un grupo de chicas en Roma
Con un grupo de chicas en Roma
Desde los comienzos de su labor apostólica, san Josemaría resaltó la dignidad del matrimonio y recordó con vigor que el matrimonio es una vocación divina y una llamada a la santidad. Había escrito en el n. 27 de Camino:
“¿Te ríes porque te digo que tienes "vocación matrimonial"? —Pues la tienes: así, vocación. Encomiéndate a San Rafael, para que te conduzca castamente hasta el fin del camino, como a Tobías”.

“El matrimonio no es, para un cristiano —precisaba en Es Cristo que pasa— una simple institución social, ni mucho menos un remedio para las debilidades humanas: es una auténtica vocación sobrenatural. Sacramento grande en Cristo y en la Iglesia, dice San Pablo y, a la vez e inseparablemente, contrato que un hombre y una mujer hacen para siempre, porque —queramos o no— el matrimonio instituido por Jesucristo es indisoluble: signo sagrado que santifica, acción de Jesús, que invade el alma de los que se casan y les invita a seguirle, transformando toda la vida matrimonial en un andar divino en la tierra. Los casados están llamados a santificar su matrimonio y a santificarse en esa unión”.

Experimentó una gran alegría cuando durante los años cincuenta, se encontró el camino jurídico para que las personas casadas formaran parte del Opus Dei. En cuanto pudo, organizó un retiro espiritual en Molinoviejo, una casa de retiros cercana a Segovia, en el que participaron muchas personas que deseaban entregarse plenamente a Dios, en el matrimonio.

Reacción ante las incomprensiones

San Josemaría con dos de sus hijos de Irlanda y Ecuador
San Josemaría con dos de sus hijos de Irlanda y Ecuador
El Señor permitió que sufriera graves contradicciones durante esos años, que san Josemaría resolvía acudiendo a la gracia de Dios y a la protección maternal de la Virgen. Sabía que el Señor escribe recto sobre renglones torcidos, y que se serviría de aquello para difundir el Opus Dei por toda la tierra.

“¿Sabéis por qué la Obra se ha desarrollado tanto? Porque han hecho con ella como con un saco de trigo: le han dado golpes, le han maltratado, pero la semilla es tan pequeña que no se ha roto; al contrario, se ha esparcido a los cuatro vientos, ha caído en todas las encrucijadas humanas donde hay corazones hambrientos de Verdad, bien dispuestos, y ahora tenemos tantas vocaciones, y somos como una familia numerosísima, y hay millones de almas que admiran y aman a la Obra, porque ven en ella una señal de la presencia de Dios entre los hombres, porque advierten esa misericordia divina que no se agota”.

Reaccionaba ante las incomprensiones con sentido de la caridad y de la justicia, con amor a la verdad y corazón grande. Esto era lo que aconsejaba ante circunstancias similares, que se presentan, en mayor o menor medida, en la vida de todos los hombres:
—“No juzgues a los demás;
—no ofendas ni siquiera con la duda;
—ahoga el mal en abundancia de bien;
—siembra lealtad, justicia y paz;
—pasa por alto las interpretaciones torcidas;
—habla cuando pienses en conciencia que debes hablar;
—perdona, siempre, pronto, y todo con la sonrisa en los labios;
—y deja todo en manos de nuestro Padre Dios”.

15 de agosto de 1951 en Loreto

Como cuentan con detalle las biografías del Fundador, siempre que se encontraba con graves dificultades, acudía a la intercesión de la Madre de Dios. Una fecha importante para la historia del Opus Dei fue el 15 de agosto de 1951, fiesta de la Asunción. Ese día, el Fundador consagró en Loreto el Opus Dei al Dulcísimo Corazón de María, suplicando a la Madre de Dios que conservase firme y seguro el camino del Opus Dei.

Casa del santuario de <i>Nuestra Señora de Loreto</i>
Casa del santuario de Nuestra Señora de Loreto
Renovó esa consagración a Nuestra Señora en diferentes santuarios marianos del mundo: Lourdes, Fátima, el Pilar, Einsiedeln, Willesden, Pompei, Guadalupe, en la Medalla Milagrosa de París. “Nuestro Opus Dei nació —le gustaba recordar— y se ha desarrollado bajo el manto de Nuestra Señora. Por eso son tantas las costumbres marianas que empapan la vida diaria de los hijos de Dios en esta Obra de Dios”.

El recurso a los medios sobrenaturales fue una constante en su vida. En 1951, a raíz de la incomprensión de algunos padres de familia de Roma ante la entrega de sus hijos a Dios, consagró las familias de los miembros del Opus Dei a la Sagrada Familia de Nazaret.