“Ese Pedro es un sol; trabaja maravillosamente y, como es tan pillo, sabe explotar muy bien, hasta conmigo, esa gracia y esas virtudes humanas que Dios le ha dado”, escribe en una carta a los padres de Pedro Casciaro hablándoles de su hijo. Don Pedro empezó la labor apostólica del Opus Dei en México en 1949.