PortadaLibrosApuntes sobre la vida del fundador del Opus DeiDos borriquillos que tiran del mismo carro


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Mons. Josemaría Escrivá de Balaguer
Dos borriquillos que tiran del mismo carro
Con la fundación de la Sección femenina del Opus Dei, el Señor dejó en Mons. Escrivá de Balaguer el convencimiento, ya definitivo, de que también era misión de la mujer cristianizar el mundo desde dentro: tanto en el hogar, como en cualquier ocupación civil. Con el tiempo podría confiar a un periodista con toda justicia:
He dedicado mi vida a defender la plenitud de la vocación cristiana del laicado, de los hombres y de las mujeres corrientes que viven en medio del mundo, y, por tanto, a procurar el pleno reconocimiento teológico y jurídico de su misión en la Iglesia y en el mundo (...). Corresponde a los millones de mujeres y de hombres cristianos que llenan la tierra, llevar a Cristo a todas las actividades humanas, anunciando con sus vidas que Dios ama a todos y quiere salvar a todos. Por eso la mejor manera de participar en la vida de la Iglesia, la más importante y la que, en todo caso, ha de estar presupuesta en todas las demás, es la de ser íntegramente cristianos en el lugar donde están en la vida, donde les ha llevado su vocación humana.
Es bien patente hoy, a la vuelta de los años, que el mismo espíritu mueve a los socios y a las asociadas del Opus Dei. La unidad es tan plena –jurídica, espiritual y moral– como evidente la mutua autonomía. En alguna ocasión el Fundador comparó el trabajo de una y otra Sección de la Obra a dos borriquillos que tiran del mismo carro, en la misma dirección, como dos fuerzas paralelas, que no se interfieren ni se mezclan.
Cabría pensar que quizá el Señor, al separar las fechas fundacionales de las dos Secciones del Opus Dei, quiso que también su Fundador tuviera, desde el primer momento, conciencia clara de la realidad que más adelante expresaría con estas palabras certeras:
Por Voluntad de Dios, el Opus Dei consta de dos Secciones diferentes, completamente separadas, como dos obras distintas, una de hombres y otra de mujeres; sin interferencia alguna, ni de gobierno, ni de régimen económico, ni de apostolado, ni de hecho.
Mons. Escrivá de Balaguer dio alguna vez una razón sobrenatural de ese designio divino, que suscitó la Sección de mujeres de la Obra dieciséis meses y doce días después del 2 de octubre de 1928:
Si –en 1928– hubiera sabido lo que me esperaba, hubiera muerto: pero Dios Nuestro Señor me trató como a un niño; no me presentó de una vez todo el peso, y me fue llevando adelante poco a poco. A un niño pequeño no se le dan cuatro encargos de una vez. Se le da uno, y después otro, y otro más cuando ha hecho el anterior. ¿Habéis visto cómo juega un chiquillo con su padre? El niño tiene unos tarugos de madera, de formas y colores diversos... Y su padre le va diciendo: pon éste aquí, y ese otro ahí, y aquel rojo más allá... Y al final – ¡un castillo!
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Acceso directo a los capítulos
Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
He dedicado mi vida a defender la plenitud de la vocación cristiana del laicado, de los hombres y de las mujeres corrientes que viven en medio del mundo, y, por tanto, a procurar el pleno reconocimiento teológico y jurídico de su misión en la Iglesia y en el mundo (...). Corresponde a los millones de mujeres y de hombres cristianos que llenan la tierra, llevar a Cristo a todas las actividades humanas, anunciando con sus vidas que Dios ama a todos y quiere salvar a todos. Por eso la mejor manera de participar en la vida de la Iglesia, la más importante y la que, en todo caso, ha de estar presupuesta en todas las demás, es la de ser íntegramente cristianos en el lugar donde están en la vida, donde les ha llevado su vocación humana.
Es bien patente hoy, a la vuelta de los años, que el mismo espíritu mueve a los socios y a las asociadas del Opus Dei. La unidad es tan plena –jurídica, espiritual y moral– como evidente la mutua autonomía. En alguna ocasión el Fundador comparó el trabajo de una y otra Sección de la Obra a dos borriquillos que tiran del mismo carro, en la misma dirección, como dos fuerzas paralelas, que no se interfieren ni se mezclan.
Cabría pensar que quizá el Señor, al separar las fechas fundacionales de las dos Secciones del Opus Dei, quiso que también su Fundador tuviera, desde el primer momento, conciencia clara de la realidad que más adelante expresaría con estas palabras certeras:
Por Voluntad de Dios, el Opus Dei consta de dos Secciones diferentes, completamente separadas, como dos obras distintas, una de hombres y otra de mujeres; sin interferencia alguna, ni de gobierno, ni de régimen económico, ni de apostolado, ni de hecho.
Mons. Escrivá de Balaguer dio alguna vez una razón sobrenatural de ese designio divino, que suscitó la Sección de mujeres de la Obra dieciséis meses y doce días después del 2 de octubre de 1928:
Si –en 1928– hubiera sabido lo que me esperaba, hubiera muerto: pero Dios Nuestro Señor me trató como a un niño; no me presentó de una vez todo el peso, y me fue llevando adelante poco a poco. A un niño pequeño no se le dan cuatro encargos de una vez. Se le da uno, y después otro, y otro más cuando ha hecho el anterior. ¿Habéis visto cómo juega un chiquillo con su padre? El niño tiene unos tarugos de madera, de formas y colores diversos... Y su padre le va diciendo: pon éste aquí, y ese otro ahí, y aquel rojo más allá... Y al final – ¡un castillo!
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Presentación
Capítulo Primero: Una Familia Cristiana
Capítulo Segundo: Vocación al sacerdocio
Capítulo Tercero: La fundación del Opus Dei
Capítulo Cuarto: Tiempo de amigos
Capítulo Quinto: Corazón Universal
Capítulo Sexto: El resello de la filiación divina
Capítulo Séptimo: Las Horas de la Esperanza
Capítulo Octavo: La libertad de los hijos de Dios
Capítulo Noveno: Padre de familia numerosa y pobre
Epílogo
Gracias a la autorización expresa de Ediciones Rialp ha sido posible recoger esta publicación en formato electrónico en la presente página web.
Relación de contenidos
- Clases en la Academia Cicuéndez
- Capellán de las las Damas Apostólicas
- Millares de horas confesando niños
- Capellán de las Agustinas Recoletas del Monasterio de Santa Isabel
- Los enfermos más desamparados
- Don José María Somoano
- Todo lo tenía que hacer el Padre
- Trabajar con una sonrisa
- ¿Virtud sin orden? –¡Rara virtud!
- Las pupilas que ha dilatado el amor
- Dios creó al hombre para trabajar
- El trabajo es enfermedad incurable para los del Opus Dei
- La santificación del trabajo
- Amar el propio trabajo profesional
- El ejemplo de Jesús en Nazareth
- La santidad no es cosa para privilegiados
- Como los primeros Cristianos
- Una verdadera mentalidad laical
- La materia prima
- Mujeres del Opus Dei
- 14 de febrero de 1930
- Dos borriquillos que tiran del mismo carro
- El inicio de la Sección femenina del Opus Dei
- María Ignacia García Escobar, la primera mujer del Opus Dei
- El cimiento del Opus Dei
- En la calle de Jorge Manrique
- La fundación del Opus Dei: hombres y mujeres
- La fundación del Opus Dei: La sociedad sacerdotal de la Santa Cruz
- Todos los sacerdotes del Opus Dei son hijos de mi oración
- El 14 de febrero de 1943
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