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100 años de la romería de los Escrivá a Torreciudad
24 de julio de 2004

En 1930, san Josemaría escribía en sus anotaciones personales: “¡Señora y Madre mía! Tú me diste la gracia de la vocación; me salvaste la vida, siendo niño; me has oído ¡muchas veces!...”. Se refería a la curación milagrosa que sus padres habían logrado de la Virgen María en 1904, cuando el pequeño tenía dos años. Andrés Vázquez de Prada, uno de los biógrafos del fundador del Opus Dei, lo relata así: “Por ese entonces, a causa de una grave enfermedad, estuvo a punto de morir. Quizás se tratase de una infección aguda. (…) La noche anterior al inesperado suceso el doctor Ignacio Camps Valdovinos, médico de cabecera de la familia, acudió a visitar al niño. Era un experimentado galeno, con buen ojo clínico, pero por aquel tiempo no era posible atajar el curso virulento de la infección. Y llegó un momento en que el doctor Camps hubo de decir a don José: — «Mira, Pepe, de esta noche no pasa»”.
“Con mucha fe venían los padres pidiendo a Dios la curación del hijo. Doña Dolores comenzó, con gran confianza, una novena a Nuestra Señora del Sagrado Corazón; y el matrimonio prometió a la Virgen llevar al pequeño en peregrinación a la imagen que se veneraba en la ermita de Torreciudad, en caso de sanarle”.
Esperanza Corrales, vecina de los Escrivá, recordaba muchos años más tarde, el desenlace: “La enfermedad hizo inesperada crisis y el pequeño Josemaría salió adelante a pesar del sombrío augurio de los médicos. Cuando ya estuvo bien, el matrimonio Escrivá, con el niño en brazos, cumplieron la promesa de ir, como romeros, a darle gracias a la Virgen de Torreciudad”.
“Turris Civitatis”
Los padres de Josemaría acudieron a Nuestra Señora de Torreciudad por la devoción que a esa advocación de la Virgen había en la zona. De esta devoción popular da cuenta un artículo publicado recientemente en El Heraldo de Huesca:
La ermita de Torreciudad se alza en un promontorio sobre el río Cinca, en un paraje bello y agreste. Su acceso era difícil y se llegaba a pie o a caballo. Desde el año 1084 generación tras generación, los pueblos que rodean al santuario de Torreciudad han mantenido viva la costumbre de acudir en peregrinación a este lugar.
La devoción a Torreciudad es muy antigua en el Somontano. Según los expertos, es completamente desconocido el origen del santuario primitivo y su imagen. Se supone que data del año 1084, en que liberadas las tierras del Somontano del dominio árabe, fue hallada la imagen y construida la ermita. Se trata de una Virgen morena, similar a la de Nuestra Señora de Montserrat, y existe la leyenda de que se apareció a unos leñadores de Bolturina declarándoles su deseo de ser allí venerada.
Torreciudad está situada 24 kilómetros al norte de Barbastro, junto al embalse del Grado. En la documentación medieval que se conserva se llama “Civitas” (topónimo del que derivó más tarde el de “Turris Civitatis”, Torreciudad), al baluarte que los invasores musulmanes tenían para defenderse de los cristianos que desde el norte pujaban por reconquistar las tierras que los árabes les habían arrebatado.
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